El próximo 7 de octubre se cumple el 124 aniversario de la abolición definitiva de la esclavitud en España, un proceso que se venía dilatando desde 1880 (ya se había abolido en Francia 1794, Dinamarca 1802, Inglaterra 1807, Venezuela 1854, Estados Unidos 1865…) y que finalmente culminó en 1886 con la desaparición del “Patronato” una especie de institución/situación intermedia entre la esclavitud absoluta y la libertad/servidumbre, proceso que podía durar hasta siete años y en el que se continuaba maltratando a los negros ya que el castigo físico seguía siendo válido. En la página web del Centre d’Estudis, Debats i Tertúlies, creada en 1999 para preparar la conmemoración del 120 aniversario de la abolición definitiva, se encuentra una interesantísima revisión de textos que resumen buena parte de la historia de la esclavitud en/desde España y su relación con las colonias americanas. Los textos van desde citas bíblicas, del Corán, textos griegos, derecho romano, y todo lo ocurrido durante el primer siglo en occidente y España en especial.
No hemos reflexionado y no nos hemos avergonzado lo suficiente de lo que significa y significó esclavizar a un continente… Tomo de la wiki:
“Según el historiador británico Eric Hobsbawm la cifra de esclavos africanos transportados a América sería de un millón en el siglo XVI, tres millones en el XVII y durante el siglo XVIII llegaría a los 7 millones, permitiendo una enorme acumulación de capital de cara al desarrollo del capitalismo europeo durante la Revolución industrial”. A esto hay que sumar el aproximado 25% que moría en las cacerías de esclavos y otro 25% que moría durante el viaje a América.
Pienso con frecuencia en los judíos exterminados en el Holocausto, pero menos en la barbarie que significó la esclavitud y el tráfico negrero que cometieron franceses, ingleses, norteamericanos, portugueses, daneses y unos cuantos más. Los negros no nos lo han reclamado lo suficiente, les ha faltado el genio y la conciencia de raza semita, o simplemente han sido demasiados siglos de látigo y muerte. Pero la deuda es la misma o mayor, es una deuda infinita con un continente completo; porque además seguimos permitiendo que se mueran de hambre y enfermedad. La piedad y la vergüenza nos son desconocidas.
Dice el escritor y poeta martiniqués Aimé Cesaire…
Imaginemos Auschwitz y Dachau, Ravensbruck y Mauthausen,
pero todo ello a escala inmensa
-la de los siglos, la de los continentes-
América transformada en un “universo de concentración”,
el pijama a rayas impuesto a toda una raza,
la palabra dada soberanamente al “kapo” y al “schlag”,
un lamento lúgubre hollando el Atlántico,
montones de cadáveres a cada parada en el desierto o en la selva,
y unos pequeños burgueses de España, de Inglaterra, de Francia,
de Holanda, inocentes Himmler del sistema,
acumulando un hediondo dinero, un capital criminal
que hará de ellos capitanes de la industria.




Foto Per Endström