primero drogadicto que maricón
Mallorca, Rayos y Truenos 16 de Septiembre del 2009
Es increible que ya en el siglo XXI, y en el primer mundo, haya gente que prefiera que la identifiquen como adicto perdido de la coca antes de admitir sus inclinaciones sexuales. “Soy adicto a la droga, no al sexo” ha dicho ayer en el juicio por malversación, este miembro del Partido Popular, ultra católico y padre de familia numerosa. Se llama Rodrigo De Santos y tenía un cargo bien importante por aquí, teniente de alcalde de urbanismo; el segundo de a bordo de la alcaldesa en la legislatura anterior, en materia de construcción y urbanismo. Era cliente asiduo de un ¿prostíbulo masculino? llamado Casa Alfredo, (sí, parece nombre de trattoria) en el que pagaba con la tarjeta de crédito de la alcaldía. Pone a Dios como testigo y ante la mandíbula caída de cualquier persona con un pelín de sentido común, el tío habla y habla de lo enfermo que estaba consumiendo coca y que esto lo tenía tan trastornado que básicamente no sabía lo que hacía… básicamente pasárserla bomba con otros tíos.
No es que “soy adico a la droga, no al sexo”, es que pagaba con dinero público sexo aliñado mientras en casita le esperaba la familia Telerín. Un caradura de primer orden y de mucho cuidado, porque no estamos hablando del vecino de por aquí al lado; estas son personas públicas que manejan nuestros impuestos, que deben dar ejemplo de contención y cordura; y que deben mantener su vida privada, bien privada y sin mezclarla con el trabajo. Lo de las drogas es un problema, esto segurísimo, estar encerrado en un armario es otro, tristísimo; y a eso se añade ser un mentiroso bien asesorado, que es casi peor por el efecto nefasto sobre el resto de los ciudadanos, especialmente si sale impune.
Hay una hermosa frase en latín, que se me quedó grabada hace muchos años y que viene a mi cabeza de vez en cuando. Debían aprenderla los cantantes que participaban en la liturgia católica, según quedó recogida en el Concilio de Cartago del año 389; una especie de monición ética para quienes ejercían este cargo musical y espiritual; y como liturgia, público…
“Vide,
ut quod ore cantas, corde credas,
et quod corde credis,
operibus comprobes”
Algo como, mira que lo que cantas con la boca, lo creas de corazón, y lo que creas de corazón, lo confirmes con tus obras…
Así deberían tener los políticos algún mandamiento, uno que realmente les tocara el corazón; muy especialmente estos que van dándose golpes de pecho.




Foto Per Endström
Rodrigo de Santos (o sus abogados y asesores)ha sopesado dónde debía poner el énfasis de sus culpas. Conociendo a la sociedad mallorquina, ha preferido pasar por drogadicto antes que por homosexual.
Después de esta elección, no me cabe la duda de que es católico hasta la médula de los huesos.
Todavía me estremezco al pensar en las connotaciones de este asunto.
No os olvidéis de que se negaba a celebrar matrimonios homosexuales.
El colmo de la distorsión. Leo en un titular que De Santos pide que lo juzguen por las drogas y no por el sexo. Pero si el problema no son las drogas ni el sexo, sino que se pagase los gustos con el dinero del contribuyente, por mucho que pensase en devolverlo.
Se creen que nos chupamos el dedo.
En el fondo continúa malversando un bien público, como es la justicia, con esta mascarada. Pero lo más destacado de su biografía, (a saber: los pelotazos de Son Espases y del castillo de Antoñita la fantástica en el Parc e Sa Riera) se dará por olvidado. Y dentro de cuatro días le veremos galleando e impartiendo lecciones de ética política. Al tiempo.
Yo alucino: se considera atenuante que devolviera el dinero??? Hombre, sólo faltaría que no lo hubiera hecho!!!! Y lo devolvió porque lo pillaron, ojo!
Totalmente de acuerdo con el primer comentario de M. Hyde, para la sociedad mallorquina la drogadicción puede ser considerada enfermedad, pero lo de ser maricón ya es vicio.
Hipócritas consumados, todos ellos: católicos y peperos, siempre tan interesados en prohibir que los demás hagan lo que quieran, pero haciéndolo ellos a escondidas.