crisis de valores
Música 12 de Septiembre del 2009
Esta idea es la predilecta en los programas que tratan de temas de familia, educación, conducta ciudadana y muy especialmete del botellón nuestro de cada fin de semana. En Pozuelo de Alarcón la cosa llegó a mayores, violencia contra la policía y heridos. Pero no sabemos si realmente fue el botellón, si las fiestas del pueblo se pasaron de la raya, si fue que los agitadores se vinieron del pueblo de al lado, o si había ya un contencioso contra esa comisaría y esa noche explotó. Lo que todos dicen es que tiene que ver con una crisis de valores.
Creo que más bien el botellón y la juerga descontrolada de los fines de semana son una expresión de los nuevos valores, así como los contratos temporales, la movilidad y disponibilidad de horarios que exigen las empresas a sus empleados y las ganas de salir en la tele y ser famoso. Ir donde te lleve el viento, sea en el trabajo o en la marcha; sin más límites que lo que el cuerpo aguante, la empresa disponga y la poli te permita. Vivir para producir dinero y para gastárselo; en cosas y en ocio; y mientras más rápido mejor; porque este es un valor fundamental de nuestro presente: la velocidad, la respuesta rápida. Ahora somos impacientes, necesitamos satisfacer nuestros caprichos pronto y ya (comprar a crédito nos lo pone fácil), nos cuesta disfrutar con los procesos y no desesperar por los resultados. El valor de la productividad económica y el éxito social (si es por vía mediática mejor) en el mínimo tiempo posible y con el menor esfuerzo; quien lo logra vale. Un valor moderno que choca de frente con un valor venido a menos, el estudio. Lo vemos cuando nuestros hijos y alumnos se plantean para qué estudiar si todo estudio requiere un tiempo del que no disponen. Porque mientras estudian (esto que se relaciona con poner los codos en una mesa y pasarse así 3 horas concentrado en una sola cosa) se pierden el programa de tv, la fiesta, se pasa la hora del chat, se va el sol y no se puede ir a la playa/a patinar/a ver el novio/al concierto, o dormir para recuperarse de todo lo anterior. En fin que estudiando parece que siempre pierdes el tiempo: además, a la inversión que requiere no se le ve la ganancia en un futuro ni siquiera mediato, no te asegura trabajo ni dinero, ni éxito, ni reconocimiento. En fin, es un coñazo.
Los adultos trabajamos duro, porque el trabajo sigue siendo un valor, pero ahora convertido en actividad sacrificada y heróica, que nos hace esperar las vacaciones no con ilusión sino con desesperación. No vamos de relajante botellón social pero consumimos gastronomía, turismo y espectáculos que a los dos días/horas hemos olvidado, y compramos gadgets cuyas utilidades nunca llegamos a manejar del todo y sin embargo requieren ser actualizados. La información, la moda y la cultura como valor que proviene del consumo. Secretamente envidiamos al político corrupto que ha sabido construirse un palacio con dinero público, rápido e impunemente; porque es un hombre exitoso, y el éxito es un valor por encima de todas las cosas; “el éxito no se discute”. Somos parte de la sociedad que sonrió con la fellatio de Clinton y lloró con el perrito de Sidney que salvó los gatitos. El valor de ser sensibles; pero inconmovibles si se requiere acción personal.
No hay crisis de valores, hay unos valores nuevos. Estos carcas que hablan de crisis en la tele y la radio, simplemente no están en nada.



Foto Per Endström
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