jaume mas porcel (1909-1993)

Categoría: Críticas, Mallorca, Música
6 de Septiembre del 2009

Asistir a un concierto donde toda la música es del mismo compositor requiere una cierta disposición; pero si además al compositor no lo conoces sino de nombre, empiezas a preparar mentalmente un plan alternativo para la huida en la media parte. Claro que si tienes que participar en el coro cantando un par de canciones al final, pues entonces ya vas resignada y buscas una silla en un lugar sombrío para echar un sueñecito discretamente hasta que toque el momento coral. Pero en este caso no fue necesario ni huir ni dormirse.

La primera parte era toda de piano. Un desfile de buenos pianistas, de distintas edades y estilos, que fueron desgranando su visión de las obras del compositor mallorquín. A los 10 minutos de escucha atenta y curiosa, me rendí ante la calidad y la belleza de una música escrita con gracia, inspiración y con mucho conocimiento del instrumento. Para mi gusto demasiado impresionista todo, especialmente considerando la música que se escribía en Europa entre 1930 y 1950, periodo al que pertenecía todo el repertorio presentado. Ya centrada en el estilo, me encantó la brevedad de todas las obras, en cada una, el compositor mostraba oficio y un toque de humor que se refleja en títulos como “pour un philosophe kantien” o “pour un champion de natation” (de Metéores, 1935) o la Sonatine esportiva (1942). Pasaba el tiempo y te iba dejando con ganas de más, con curiosidad por escuchar la próxima pieza. Fue un concierto largo larguísimo, pero fluyó gracias a la calidad de la música. Tocaban piano Bartomeu Jaume, Joan Moll, Andreu Riera, Ramón Coll y Miquel Estelrich (amoroso adalid de esta socialización de Mas Porcel) y cada participación implicaba entre cuatro y diez piezas breves. Cuando llegó el intermedio no solamente estaba despierta y bien despierta, sino con un buen humor que sólo podía ser producto de un alimento espiritual exquisito, favorecido por una brisa veraniega que lo bendecía todo.

La segunda parte fue vocal, Eulàlia Salbanyà acompañada al piano por Bartomeu Jaume, Antoni Aragón acompañado por Andreu Riera y Joana Llabrés por Miquel Estelrich. Los poemas, de Paul Verlaine y Miquel Forteza Pinya. Aquí encontré más variedad entre los estilos usados por el compositor, disfruté especialmente el lirismo casi italiano de las tres canciones con poemas de Verlaine cantadas por Eulália Salbanyà y una vez más aprecié la categoría vocal de Antoni Aragón. Siguió a los solistas vocales la “Balada para dos pianos” interpretada por Albert Díaz y Xavier Mut, con un Mas Porcel un poco más moderno, aunque sin alejarse mucho de las brumas sonoras que tan bien dominaba. Terminó el concierto con la Cançó de bressol (1934) por parte del coro (un heterogéneo grupo captado por la Federación de Corales de Baleares), con Joana Llabrés como solista, y el coro final de la ópera “El Castell d’ irás i no tornaràs” (1953). La adaptación de la canción de cuna (que habíamos escuchado previamente en la Suite Mallorquina, para piano) más que una adaptación, es una transcripción poco afortunada. Una línea de sopranos incantable para cualquier coro, que hasta a una solista con el oficio de Llabrés le dificultó la intepretación que precisa. Sin profundidad en las voces graves (los bajos apenas cantan un do2) y con una línea de tenores sacrificada cuando finalmente llevan la melodía. Una partitura que se dormirá en la biblioteca de cualquier director a pesar de la belleza del original. Con el coro final del “Castell” me he quedado con las ganas de escuchar la ópera completa; intenso, un bloque sonoro que impone su fuerza armónica y el mensaje del texto; Albert Díaz y Xavier Mut, en el acompañamiento a dos pianos, estupendos. Lástima la heterogeneidad coral antes comentada, que impidió tanto un mayor control vocal como seguir con mayor fidelidad las claras indicaciones que el director Joan Company había dado en los ensayos previos. La ocasión merecía un coro más grande y una organización que garantizara poder sacar más provecho de la partitura, y del director. El ensayo general, aún con menos cantaires, fue superior a lo que pudimos mostrar esa noche. Que penita. Pero queda Jaume Mas Porcel y su música, que fue lo que nos reunió y a casa llena, un éxito de concierto en todos los sentidos. La bandera mallorquina bajo el retrato del compositor, que al principio me pareció una cosa como cursi en un concierto, al final la consideré como un llamado a la autoestima de la gente de esta tierra, por contar con otro compositor del que sentirse orgullosos.

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Imagen del blog de Nanda Ramón.