Me encanta que el presidente del gobierno y su esposa respeten los gustos en vestido de sus hijas, me parece guay. Aunque yo-mamá les pediría a mis hijos góticos que si me acompañan a un acto oficial me ayudaran con la imagen pública y se pusieran una ropa discreta, es decir que no vulnere sus derechos pero que sea un término medio; una negociación más, de tantas comunes en la vida familiar. Creo que cualquier adolescente puede entender, cuando hay buen rollito, que hay situaciones que nos obligan a cumplir ciertas reglas aunque sean tácitas, por ejemplo en una entrevista de trabajo no vas en tanga o vestido de cantante de reguetton, y no vas así porque sabes que podría ser una desventaja para que te contraten, y quieres trabajar; así que dejas por un rato gustos y principios y te pones tu corbata y vas a a la entrevista. Y cuando tienes título, trabajo, carácter y músculo (el orden e importancia de los factores puede cambiar), te haces tus tatuajes y piercings y al que no le guste que no los vea. Pero estas muchachas tienen 13 y 16 años y los papás por modernos les han hecho una buena. La famosa foto está en todas partes y muy especialmente en facebook donde se han dado gusto con variaciones que van desde el Señor de los Anillos, la Familia Adams y un cuasi thriller con Michael Jackson en el féretro. En fin, que te ries aunque te sepa mal. La tentación de la foto con la pareja más super mega guay y poderosa del mundo, los Obama, les pudo a nuestra familia presidencial allá en el Metropolitan Museum de New York. Y ha pasado (y me permiten la cita venezolana) que el jefe del gobierno “mató el tigre y le tuvo miedo al cuero”, tocaba aguantar el chaparrón con orgullo paterno en vez de exigir que no se publicara la foto. En lo más importante que es aceptar y querer a tu familia molt bé, pero luego cómo pretender que no sea pública una foto como esa…

Para un análisis desde los medios leer el artículo de Juan Varela en Periodistas 21.
No pienso en los comienzos acaramelados y tiernos; sino en lo que queda después que van pasando los años. Dos días, dos cenas con amigos y parejas. Inevitablemente observas los diferentes estilos, te acuerdas de tus propias historias y te descubres reflejado en estas nuevas parejas, que asocias a etapas, edades y lugares. Terminas pensando que cada pareja es un mundo (que original), pero un mundo puntualmente acotado en el tiempo; al año se es/éramos así, a los cinco años así, a los 15 ¿seremos así?. Una pareja estable (cómo sinónimo de equilibrado y sin sobresaltos) es básicamente un negocio que funciona, una empresa que rinde beneficios, una relación que fructifica en diversos aspectos: logísticos, asistenciales, familiares, intelectuales, económicos, sexuales, y por supuesto amorosos. Aunque con el tiempo este último quede postergado o se vaya desvaneciendo en el camino de la convivencia y la costumbre. Pero el balance positivo de la empresa familiar se mantiene, y la pareja continúa. En este punto la mirada adolescente se perturba y la madura se sonríe. ¿Pero todo no debía ser amor? piensa la primera; “esto” es el amor contesta la segunda. Solidez, confianza, eficiencia, cariño, complicidad en muchas cosas. De pronto, y más allá de miradas temporales, tienes que reconocerte, entusiasta del amor de cupidos y dolorcitos de estómago, o amigo del amor tranquilo que con un poco de salud y suerte te acompañará los próximos 20 años. Realmente no hay términos medios, somos básicamente de uno o de otro grupo, aunque con un poco de salud y suerte puedas acompañar y estar acompañada los próximos 20 años.
El próximo 7 de octubre se cumple el 124 aniversario de la abolición definitiva de la esclavitud en España, un proceso que se venía dilatando desde 1880 (ya se había abolido en Francia 1794, Dinamarca 1802, Inglaterra 1807, Venezuela 1854, Estados Unidos 1865…) y que finalmente culminó en 1886 con la desaparición del “Patronato” una especie de institución/situación intermedia entre la esclavitud absoluta y la libertad/servidumbre, proceso que podía durar hasta siete años y en el que se continuaba maltratando a los negros ya que el castigo físico seguía siendo válido. En la página web del Centre d’Estudis, Debats i Tertúlies, creada en 1999 para preparar la conmemoración del 120 aniversario de la abolición definitiva, se encuentra una interesantísima revisión de textos que resumen buena parte de la historia de la esclavitud en/desde España y su relación con las colonias americanas. Los textos van desde citas bíblicas, del Corán, textos griegos, derecho romano, y todo lo ocurrido durante el primer siglo en occidente y España en especial.
No hemos reflexionado y no nos hemos avergonzado lo suficiente de lo que significa y significó esclavizar a un continente… Tomo de la wiki:
“Según el historiador británico Eric Hobsbawm la cifra de esclavos africanos transportados a América sería de un millón en el siglo XVI, tres millones en el XVII y durante el siglo XVIII llegaría a los 7 millones, permitiendo una enorme acumulación de capital de cara al desarrollo del capitalismo europeo durante la Revolución industrial”. A esto hay que sumar el aproximado 25% que moría en las cacerías de esclavos y otro 25% que moría durante el viaje a América.
Pienso con frecuencia en los judíos exterminados en el Holocausto, pero menos en la barbarie que significó la esclavitud y el tráfico negrero que cometieron franceses, ingleses, norteamericanos, portugueses, daneses y unos cuantos más. Los negros no nos lo han reclamado lo suficiente, les ha faltado el genio y la conciencia de raza semita, o simplemente han sido demasiados siglos de látigo y muerte. Pero la deuda es la misma o mayor, es una deuda infinita con un continente completo; porque además seguimos permitiendo que se mueran de hambre y enfermedad. La piedad y la vergüenza nos son desconocidas.
Dice el escritor y poeta martiniqués Aimé Cesaire…
Imaginemos Auschwitz y Dachau, Ravensbruck y Mauthausen,
pero todo ello a escala inmensa
-la de los siglos, la de los continentes-
América transformada en un “universo de concentración”,
el pijama a rayas impuesto a toda una raza,
la palabra dada soberanamente al “kapo” y al “schlag”,
un lamento lúgubre hollando el Atlántico,
montones de cadáveres a cada parada en el desierto o en la selva,
y unos pequeños burgueses de España, de Inglaterra, de Francia,
de Holanda, inocentes Himmler del sistema,
acumulando un hediondo dinero, un capital criminal
que hará de ellos capitanes de la industria.




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