Bajo la santamaría del blog hasta el 1 de septiembre. Espero volver con un saco de buenas noticias y cosas que decir.
No me olvideis.
Gracias a Luis Fernando López Luna que nos envía el enlace desde Bogotá.
Por aquello de la Gripe A, tomamos del Manual de Carreño algunas recomendaciones del Capítulo II Del Aseo (apartados Del aseo en nuestra persona, y Del Aseo para con los demás)…
- Nuestras manos sirven para casi todas las operaciones materiales de la vida, y son por lo tanto la parte del cuerpo que más expuesta se halla a perder su limpieza. Lavémoslas, pues, con frecuencia durante el día, y por descontado, todas las ocasiones en que tengamos motivo para sospechar siquiera que no se encuentran perfectamente aseadas.
- Cuando no estando solos, nos ocurra toser o estornudar, apliquemos el pañuelo a la boca, a fin de impedir que se impregne de nuestro aliento el aire que aspiran las personas que nos rodean; y aun volvámonos siempre a un lado, pues de ninguna manera está admitido ejecutar estos actos con el frente hacia nadie.
- Evitemos, en cuanto nos sea posible, el sonarnos cuando estemos en sociedad; y llegado el caso en que no podamos prescindir de hacerlo, procuremos que la delicadeza de nuestros movimientos debilite un tanto en los demás la sensación desagradable que naturalmente han de experimentar.
- Siempre que por enfermedad nos veamos frecuentemente en la necesidad de sonarnos, escupir, etcétera, abstengámonos de concurrir a reuniones de etiqueta y aun de poca confianza, y evitemos recibir visitas de la misma naturaleza.
- El acto amistoso de dar la mano al saludar, puede convertirse en una grave falta contra el aseo que debemos a los demás, si no observamos ciertos miramientos que a él están nexos, y de los cuales jamás prescinde el hombre delicado y culto.
- También son actos asquerosos e inciviles el eructar, el limpiarse los labios con las manos después de haber escupido, y sobre todo el mismo acto de escupir, que sólo las personas poco instruidas en materia de educación creen imprescindible, y que no es más que un mal hábito que jamás se verá entre las personas verdaderamente cultas.
- Hay personas que al eructar acostumbran soplar fuertemente vueltas hacia un lado; lo cual es añadir una circunstancia todavía más repugnante y ridícula que el acto mismo. El que se ve en la desgraciada necesidad de eructar, debe proceder de una manera tan cauta y delicada, que las personas que están delante no lleguen nunca a percibirlo.
- Hay quienes contraen el horrible hábito de observar atentamente el pañuelo después de haberse sonado. Ni ésta ni ninguna otra operación está permitida, en un acto que apenas hace tolerable una imprescindible e imperiosa necesidad.
- Es imperdonablemente asqueroso y contrario a la buena educación de escupir en el pañuelo; y no se concibe cómo es que algunos autores de urbanidad hayan podido recomendar uso tan sucio y tan chocante.
- Jamás empleemos los dedos para limpiarnos los ojos, los oídos, los dientes, ni mucho menos las narices. La persona que tal hace excita un asco invencible en los demás, ¡y cuánta no será la mortificación de aquellos que se ven después en el caso de darle la mano!
- Un buen desodorante en las axilas después del baño diario es imprescindible para todo ser humano que no sea un niño. Esta es una regla inflexible para toda persona que no quiera ofender a sus semejantes.
- Después que nos levantemos de la mesa siempre que hayamos comido algo, debemos limpiar cuidadosamente nuestra dentadura; pero siempre a solas. No hay espectáculo más feo, aun para las personas más íntimas, que el uso del escarbadientes o los dedos introducidos en la boca.
Un par de recomendaciones cuya observancia varía bastante de un pueblo a otro…
Y una que definitivamente ya no se aplica en la estética masculina moderna…
- El que se afeita debe hacerlo, si es posible, diariamente. Nada hay más repugnante que esa sombra que da a la fisonomía una barba renaciente, ni hay, por otra parte, en los hombres, un signo más inequívoco de un descuido general en materia de aseo
Y finalmente…

Escuchar y ver a la ministra de sanidad española explicando en rueda de prensa las virtudes de lavarse las manos y usar un pañuelito cuando se tose o se estornuda; la verdad es que me ha parecido un poco subrealista. ¿Ya pasó tanto tiempo desde que nos enseñaban a lavarnos las manos antes de comer, al llegar de la calle o después de acariciar animales?, o es que el paso del pañuelo de tela al pañuelo de papel acabó con el pañuelo en si mismo. Emili dice que ya no es “obvio” y hay que decirlo. Jo, pues mal estamos si realmente no es obvio que esta feo y mal toserle a la gente encima. Creo que el fallo ha estado en el matiz, no era decirle a la gente que se lave las manos y use pañuelos para evitar contagiarse de gripe A, como si esto fuera un descubrimiento de alta tecnología nuevecito, sino insistir en la frecuencia con que se hace; pasar de lavarse las manos las dos o tres veces diarias ¿normales? a las 10 veces que recomiendan los médicos. Y lo del pañuelo debería ser una lección dirigida a chicos y señores. Si revisamos los bolsos de todas las mujeres que tenemos alrededor, casi seguro que encontraremos pañuelitos; nuevos y arrugados, servilletas de bares o restaurantes que recogemos sin darnos cuenta para alguna eventualidad y quizá hasta un par de vueltas de papel higiénico “por si acaso”. Pero quizá hubiera sido politicamente incorrecto ponerlos en evidencia de esa manera
El venezolano Manuel Antonio Carreño escribió en 1853 el “Manual de urbanidad y buenas maneras para uso de la juventud de ambos sexos en el cual se encuentran las principales reglas de civilidad y etiqueta que deben observarse en las diversas situaciones sociales, precedido de un breve tratado sobre los deberes morales del hombre“. El “Manual de Carreño“, o “Manual de Urbanidad”, como popularmente se le conocía fue un éxito inmediato desde su primera publicación por entregas, y se convirtió en pocos años en libro de referencia sobre las buenas costumbres en toda latinoamérica. En los años 60 todavía se estudiaba en Caracas, ya no su versión original considerada anacrónica, pero sí opúsculos que reunían lecciones del más básico sentido común y respeto hacia el prójimo. Antes de dejarles el enlace donde lo podeis bajar completo y pasar un rato maravilloso repasando el abc de la educación del siglo XIX y con muchas aplicaciones para el XXI, comentar que Carreño fue uno de los hombres más exquisitos de Venezuela. Pedagogo y músico, es el padre de la pianista Teresa Carreño y sobrino de Simón Rodríguez, maestro de Simón Bolívar. Para su hija escribió 500 ejercicios técnicos que trabajaban todas las dificultades pianísticas, tradujo al castellano el “Catecismo razonado, histórico y dogmático” del abate Thériou, y la “Introducción al método para estudiar la lengua latina” de J.L. Burnouf. Fue dos veces Ministro y vivió con su familia en New York y París apoyando la carrera internacional de su hija. Aquí el enlace a rapidshare. El Manual comienza en la página 32.




Foto Per Endström