Se nos olvida, pero los que usamos gafas somos discapacitados. A veces he tenido la fantasía sobre qué pasaría si por mala suerte me convirtiera en náufraga y durante el desastre hubiera perdido las gafas, o si cayera en la selva… o me quedara en el desierto sin líquido para las lentillas… creo que no sobreviviría ni un día, me caería en el primer hueco, tropezaría con los troncos, me picaría una culebra o me comería un caimán; porque no me enteraría hasta sentir el golpe, la picada o el mordisco. Pero como todo ello es poco probable (Deo gratias) disfrutamos cotidianamente de la calidad de vida que nos ofrecen los avances ópticos, buenas gafas y lentillas. Pero la cosa ya no es tan simple. Ahora que me hago mayor, el tiempo me ha traido una dificultad in crescendo para ver de cerca, y la única solución que he encontrado es colocarme un par de gafitas de estas de farmacia encima de las gafas de ver de lejos. Exactamente esto, que para leer el periódico y para el ordenador me ponía unas gafas encima de las otras. Muy simpático y muy incómodo. Empecé a dejar gafitas de farmacia por toda la casa, unas al lado del ordenador, otras en la mesa de noche y otras en el bolso para la vida profesional. Han pasado varios meses con este sistema y ya estaba harta, entre otras razones porque significa limpiar a cada rato cuatro lentes en vez de dos, y porque ya me fastidié de las caras risueñas de mis alumnos e hijas cuando me ven la pinta de loca con gafas dobles. Así que Emili me sugirió que me hiciera unas gafas progresivas, que ya no es aquello de las bifocales con la raya por el medio sino que te permiten una triple visión, de lejos, de cerca y de media distancia; y escuché, no por primera vez, “son caras”. Bueno, no es que sean caras es que no entiendo por qué ver bien a mi edad tenga que ser un lujo. He aquí dos presupuestos de gafas progresivas con cristales que no son los de ultra primerísima categoría sino los que vienen después; digamos de segunda división en la línea para pasar a primera. En la óptica A, 350 euros cada cristal, en la óptica B, 420 euros cada cristal pero con un súper descuente veraniego y tal, 325 euros, pero los cristales son un poquito más gruesos. Y ahora hay que sumar el precio de la montura; claro que puedes dejar tus gafas de siempre para que las reconviertan en progresivas, pero que le vas a hacer, te hace ilu cambiar de look, y según te apuntes con unas Silhouette la cosa se acerca o pasa de largo los mil euros. Y me acabo preguntando por qué ver bien tiene que ser tan caro (aunque sean monturas de marca blanca), y yendo un poquito más lejos, por qué después de más de 30 años desde que Fyodorov hizo las primeras operación de ojos (y ahora que las computadoras casi te operan la miopia sólas) siguen siendo las clínicas privadas las que mayoritariamente ofrecen esta “cura” a nuestra necesidad especial.
Pero el seguro te reconforta, me devolverá 60 euros por las gafas; que tiernos.