Los datos: es el título original de la película que ganó este año el Oscar en la categoría de mejor película de habla no inglesa. Dirigida por Yojiro Takita, está protagonizada por Masahiro Motoki (como Daigo Kobayashi), Tsutomu Yamazaki (como Sasaki y que probablemente recuerden de películas de Kurosawa como Kagemusha y Tampopo), y Ryoko Hirosue (Mika). En castellano ha sido traducida como “Despedidas”, y según el blog Contacto Nikkei, la traducción es adecuada pues okuru significa “enviar”, y hito “gente o persona”, por lo que okuribito sería como “la persona que envía o despide”.
La historia: un joven violochelista queda sin trabado después que disuelven la orquesta donde toca. Conciente de no ser un virtuoso, y de que será muy difícil encontrar plaza en una nueva orquesta, renuncia a su sueño de intérprete profesional y decide buscar otro tipo de trabajo. Se hace aprendiz de amortajador, y todo el recorrido desde la venta de su cello hasta su paternidad, es un largo viaje de crecimiento y conocimiento de si mismo; pero también de la lenta comprensión del significado de la vida y la muerte, al menos desde una perspectiva pragmática que tampoco está reñida con la trascendencia.
El efecto: Una sola palabra para describir esta película, maravillosa. Tiene encanto, magia, profundidad, humor. Nos acerca a un tema siempre difícil desde una perspectiva para nada heróica o grandilocuente, todas las escenas importantes ocurren en alguna habitación; con los familiares del difunto, en casa de los protagonistas, en un baño público, o en la oficina donde sólo están tres personas, Daigo el protagonista, la secretaria, y el maestro amortajador; maestro también en el arte de vivir con discreción pero gozando a conciencia de pequeños/grandes placeres cotidianos como la buena mesa y el cuidado de plantas. Las imágenes nos impactan por lo que dicen directamente y por lo que sugieren; llegan al corazón. Cada “trabajo” que se les presenta es una pequeña historia en si misma, donde la actitud de respeto, la técnica y el cuidado en los detalles de una profesión que algunos consideran impura, logran que esta vaya creciendo en dignidad a medida que transcurre la película.
Recuerdos: Cate tenía un amigo en Caracas que era (o sigue siendo, ahora no recuerdo si murió) amortajador, o más bien tanatopráctico que creo es el nombre que se usa para esta profesión. Su especialidad eran los cadáveres que habían sufrido grandes daños en el rostro por accidentes o enfermedades, pedía fotos a los familiares y lograba recrear las caras con tal calidad que recibía felicitaciones y agradecimiento de los familiares. Una vez le pregunté sobre los materiales que usaba, todo tipo de pinturas y pinceles, pero también siliconas, alambres y hasta yeso si era necesario. Lo recuerdo como una persona amable y simpática, mi mamá lo había conocido en un taller de pintura. En cada oportunidad que vino a casa me pregunté como sería estar rodeado de muertos, o si pensaba que un cadaver seguía siendo una persona. Aunque me animé a hablar de técnicas y materiales esto último nunca se lo pregunté.//. Con “Despedidas” he vuelto a estos pensamientos, que a veces resultan como infantiles. Porque así somos en estos temas, como niños miedosos que no saben, o no quieren saber.

