Fuimos ayer al concierto de la Jove Orquestra Balear en la Iglesia de la Cartuja de Valldemossa; un concierto a media tarde que permitía llevar a las niñas, dar un paseo por el pueblo que se encuentra de fiesta con su Beata Sor Tomaseta y disfrutar una vez más de Eduardo Bernabeu (clarinete) como solista. Debía ser entonces un placer de principio a fin ya que sabíamos del buen nivel del grupo (reforzado desde su fundación con sendos músicos de la Sinfónica de Baleares) al que se sumaba el atractivo de un repertorio bueno, bonito y breve: una obra estupenda de Josep Prohens, “Homenatge a l’Himne de Felanitx”, de estas que uno piensa “mmm… me gustaría dirigirla…”; el Concierto para clarinete en la menor (k.622) de Mozart, y la Sinfonía “La Poule” (nº 83) de Haydn.//. Pero la iglesia no ayudó para nada con una acústica que mezclaba todo lo que salía de los instrumentos; se perdieron ataques y articulaciones, los matices se enmascaraban unos a otros por una reverberancia que no se acababa nunca, el pobre Mozart se convirtió en un pasticho sonoro (muy afinado eso sí) en el que apenas logramos disfrutar del buen hacer y la inspiración de Bernabeu. Menos se sacrificó la obra de Prohems pues sus sonoridades largas y tensas soportaron mejor la acústica de la iglesia. De la sinfonía nada que decir porque nos fuimos en los aplausos después del concierto, más repertorio clásico allí era seguir sacrificando la música. Joan M. Barceló fue un director tranquilo, comedido y bastante seguro, aunque lo encontré un poco laxo en cuanto a la tensión muscular necesaria para llevar las riendas del grupo y sacar más intensión a las interpretaciones.
La apuesta de esta orquesta como alternativa cultural turística a la oferta de sol y playa mallorquina (más o menos lo que dice el programa de mano sobre la justificación de su fundación) no sé si termina de convencerme; durante la primera obra del concierto los turistas salieron y entraron a sus anchas, con chancletas y sin chancletas, con sombreritos y sin, entraban se sentaban cinco minutos y salían. La puerta franca en un concierto de música clásica no es una buena idea, no solo perjudica la concentración de todos, sino que además terminará cansando a los propios músicos que sentirán que van por allí haciendo bolos, indiferentes al público y finalmente a la música… y estos jóvenes que suponemos llenos de ilusión se convertirán en los típicos músicos de atril, apáticos, estos de los que están llenas las orquestas profesionales.




Foto Per Endström
Gracias a Dios que las orquestas profesionales, además de “músicos apáticos de atril” están llenas de músicos llenos de vida, como el mismo Eduardo Bernabeu o Joan Barceló, quien además de director ocasional es trompa (fijo) de nuestra orquesta, por citar dos ejemplos.
Ya antes de esta orquesta (que no he tenido ocasión de escuchar) existía un ciclo de música de cámara fuera de temporada alta, que servía para animar un poco la vida cultural de las islas cuando las temperaturas no permiten el “sol y playa”. Se llamaba “Un Hivern a Mallorca” y estaba constituido por una serie de conciertos a cargo de solistas locales. Era una alternativa muy flexibe (un grupo pequeño sin piano cabe en cualquier escenario) aunque menos “vistosa” que la Jove Orquesta Balear.
Respecto a las acústicas de las iglesias, se debería programar música que fuese acorde con ellas. Es preciso que la armonía se mantenga estable durante bastantes compases para que no “choque” en cacofonía con la reverberación. Sería ideal hacer música del renacimiento o bien musica “new age” o incluso compositores como Corelli o Vivaldi (pero no Bach, cuya armonía cambia con extrema frecuencia).
Nota: el (único) Concierto de clarinete de Mozart está en La Mayor (no importa mucho, los que lo conocen ya saben que está en una tonalidad mayor y para los que no distinguen una tonalidad mayor de otra menor, este dato no les dice nada).
Debería precisar más sobre lo de la reverberación en las iglesias. Bach trabajaba en una iglesia también, pero tenía mucha menos reverberación que las iglesias de Corelli (esto lo saqué de un libro de Harnoncourt, no he visitado dichas iglesias en persona).
En palma hay diferentes acústicas naturalmente. Una que está muy bien es San Felipe Neri y la que más me gustó con diferencia de las que he escuchado o interpretado en ellas fue la del hospital militar. Supongo que será por las vigas de madera del techo que rompen la onda sonora limpiando del habitual exceso de reverberación de nuestros templos.
La peor, sin dudarlo (en cuanto a acústica) es la Catedral. Imagino que la idea de tener el coro en el centro (como en otras catedrales de la península) funcionaba mejor.
Pues creo que hay concenso en esto de la acústica en Palma, los directores de coros están felices cuando sus grupos se presentan en San Felipe Neri, y cuando cantas en la Catedral ya vas resignado. Recuerdo haber ido a escuchar con ilusión los Salmos de Chichester de Bernstain, terminé de pie al lado de la orquesta para entender algo…