Ahora tienes el tiempo, el lugar, el silencio. Pero te falta el mood. Vas “cortejando el ánimo” como dice Ibsen, contestando un correo pendiente semi-urgente, te comes un cerealito mientras preparas el escritorio con la otra mano. Le pones comida al periquito y miras si los hamsters tienen agua, aunque Abril les puso ayer, pero con este calor nunca se sabe. Piensas “qué guay” la web de Francesc Vicens, un amigo musicólogo y repiensas si la tuya no debería ser más profesional y menos personal; y siempre llegas a la misma conclusión, “es que me me gusta así, qué le vamos a hacer”. Sale el correo, el escritorio está bien (no perfecto pero bien), el perico canta chilla, los hamsters duermen panza arriba por el calor. Y sigo sin meterle mano al trabajo de verdad. Escribo un post en el blog de Los Melódicos, y me digo “quedó bien bueno”, (siempre te salen muy bien los trabajitos estos que haces mientras no haces los que tienes que hacer). El Eclesiastés insiste en que hay un tiempo para cada cosa, pero no trae plan de vuelo. El término procrastinar no sale en el drae, pero todos los que ejercemos su significado de manera seria lo conocemos muy bien.//. Se me acaban las excusas, van a ser las 11, todavía hay oportunidad de justificar el día, antes de que llegue la tropa, el sopor de la tarde y las series de policías. Pero lo que pasa es que pierdo el tiempo… porque puedo; y en vez de ser un don es un castigo.
Final de película de policias (o serie de la tele o novela). En el último minuto antes de la inyección letal o la silla; el prota le pregunta al reo descuartizador, violador o simplemente asesino, ¿por qué lo hiciste?… (close-up a la cara del malvado).//. Florentino Pérez paga 95 millones de euros por la ficha de Cristiano Ronaldo quien a su vez se gasta 17 mil euros en un bar de lujo. ¿Por qué lo hicieron?.//. Hugo Chavez habla cuatro días por radio y televisión sin parar. ¿Por que lo hiciste?.//. Volvemos al corredor, la cámara se detiene en la cara del malo y este responde, “porque puedo”.
Así de simple.
Hay melodías que se te quedan grabadas días y días; porque te las han machacado tanto en la radio, la tele, restaurantes y bares que no hay escapatoria y respondes como los perros de Pavlov a las campanas; o porque simplemente esa canción tiene algo especial. Para el “acto de graduación” de Llucia, su clase preparó una cancioncita popular de Mallorca llamada “Tan petiteta”; en casa se la escuchábamos cantar mientras la bañábamos o dibujaba o jugaba a cocinitas. Sin darnos cuenta toda la familia tarareaba la melodía. Aquí os la presento, la solista (futura sopranito de algún coro) se llama Luna. Vale la pena echar una ojeada a la partitura y verificar la belleza presente en su sencillez; tonalidad mayor que juega con la relativa menor y se afirma con los acordes de subdominante y dominante. Una melodía construida básicamente con notas estructurales, y algunas notas de paso y bordaduras para darle ese movimiento a veces fluido, a veces ondulante. Apenas un retardo en el acorde de dominante al final; poco, y a la vez más que suficiente. Unos versos adecuados, una referencia para la educación del gusto musical, un caramelito para todos.
Tan petiteta, tan petitona
se de fer punta, se de llegir
cap a l’escola m’ en vaig soleta
canta que canta tot lo camí, tra la la la.
(Tan chiquita, tan chiquitina, sé sacar punta, sé leer; a la escuela me voy solita, canta que canta todo el camino).
I
La semana pasada murió en Mallorca el Doctor Jean Dausset (Tolouse 19/10/1916 - Palma 6/6/2009), quien recibió el Premio Nobel de Medicina en 1980, junto a George Davis Snell y Baruj Benacerraf (por cierto, este último nació en Caracas aunque hizo toda su carrera en Estados Unidos). Cuando le otorgaron a Dausset el doctorado honoris causa en la UIB en 2003, los coros de la universidad le cantaron el Gaudeamus Igitur de rigor, y después, durante el brindis, aproveché un momento en que se encontraba tranquilo para acercarme y hablarle un poco. Me atendió con amabilidad y escuchó pacientemente la crónica de cómo había dejado los estudios de biología para dedicarme a la música, así como mi confesión de que seguía unida a la ciencia aunque fuera a distancia, y que era un honor para mi poder compartir con él esos minutos. Me llevé su lección magistral autografiada y una nostálgica alegría en el corazón.
II
Entre las cajas de libros que atravesaron el Atlántico desde el puerto de La Guaira hasta Palma, venía una con libros de biología, y entre ellos la “Evolución” de Theodosius Dobzhansky, Francisco José Ayala, George Ledyard Stebbins, y James W. Valentine. El ABC para iniciarse en el estudio de la evolución a finales de los años 70. Murieron Dobzhansky y Stebbins, pero Valentine y Ayala siguen en plena actividad.//. A raíz de la celebración del “Año Darwin”, y entre las iniciativas que intentan acercar al público la obra y figura del padre de la selección natural, destaca una de muy alto nivel realizada ayer y hoy en Palma; el Simposio Internacional Darwin: 150 años de la teoría de la evolución. Las conferencias se realizaron en la Real Academia de Medicina de las Islas Baleares y estuvieron a cargo de Sheldon L. Glashow (Universidad de Harward y Boston, Premio Nobel de Física en 1979), Lynn Margulis (Universidad de Massachusetts en Amherst), Richard Fortey (del Museo de Historia Natural de Londres) y Francisco José Ayala (madrileño residenciado en Estados Unidos desde los años 60 y profesor en la Universidad de California en Irvine). El mismo Ayala coautor del Evolution del 77, el discípulo de Dobzhansky, el ilustre sacerdote neodarwinista. Como Dausset, Ayala también es honoris causa de la UIB (2004), y como Dausset y los reconocidos científicos que han hablado estos días en Palma, su presencia sirve para recordarnos que Mallorca puede ser siempre que quiere, más que playas y guiris.
Resulta que cuando los niñitos terminan educación infantil les hacen su acto de graduación-promoción a primaria. Suena cursi hasta que ves a tu piojo con su birrete y su diploma con lacito azul (que nada de diploma, era un folio plastificado con los dibujitos de la autoimagen de cada uno), entonces se te sale la baba una vez más. Y casi se te “enfría el guarapo” al pensar que ya no tienes más hijos en infantil, que la cosa ya es de primaria pa’rriba, y que los próximos bebecitos que corretearán por la casa serán los nietos. Mientras; seguimos disfrutando de este ramalazo de dulzura infantil.

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“Crepuscular” de Antonio Lauro y “Serenata” de Luis Laguna, en arreglo de Gonzalo Peña. Interpretadas por el Cor de la Universitat Oberta per a Majors, en la Iglesia de Campanet el 9 de mayo. IV Festival Coral de Primavera.




Foto Per Endström