the jackson five en el fountain blue
Música, Rayos y Truenos 26 de Junio del 2009
Hace unos 40 años, dos más dos menos, de vacaciones en Miami, mi papá nos llevó a un espectáculo en el hotel Fountain Blue. Todavía Miami no se parecía a Las Vegas, ni en los hoteles, ni en la fama fuera de las fronteras americanas. No daban en la tele Miami Vice con sus colores pasteles y sus detectives bronceados y mucho menos existía Horatio con su equipo de C.S.I. Miami era parte del “Orange state”, y aunque en Orlando Disney World y en la costa Cabo Cañaveral atraían a miles de turistas, básicamente encontrabas gente mayor veraneando, sentados en las terrazas de los muchos y discretos hoteles. Recuerdo que me impresionaban las señoras de 70 años muy pintadas y arregladas a las 7 de la tarde, a punto de salir a cenar o cambiar de hotel para ver los shows de famosos. Entre piscina, Micky Mouse y módulos espaciales, una tarde nos dijo mi papá que íbamos a ver algo estupendo, “Una familia niñitas; todos son hermanos y cantan y bailan, y el menor es una maravilla”. Esta fue la introducción y con esa espectativa llegamos a la sala después de hacer la cola que corresponde, con calma y emoción. Y el show fue tal cual, una maravilla. No podíamos dejar de mirar al pequeño (apenas mayor que nosotras), me impresionaba especialmente su forma de bailar y como se enrollaba y desenrrollaba en el cable del micrófono al hacer unos giros rapidísimos (no había inalámbricos por supuesto). Cantaban, bailaban, hacían chistes y hablaban con el público; básicamente parecía que se divertían. Todos eran buenísimos, pero Michael era extraordinario.//. Creo que esa es la palabra que lo identificó siempre, un ser humano extraordinario; incapaz de ser en ningún aspecto igual al resto de los mortales; por sus talentos naturales primero, por su determinación después, por obsesión más adelante. Una vorágine genial sin escapatoria. Queda una carrera tan inmensa como su historia de éxitos y escándalos, canciones, un estilo de baile y toda una estética, blanca y negra, de lentejuelas, guante y terciopelo, gafas de sol, sombrero y aquella mano tocando los genitales.
Tarareando I’ll be there y con un poco de pena; veo a Michael Jackson con su gran sonrisa, girando y girando, como aquella noche en un hotel de Miami.




Foto Per Endström
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