descubriendo a lipovetsky
Textos y poesías 28 de Mayo del 2009
Gilles Lipovetsky es un filósofo y ensayista francés que tiene el mérito de haber encontrado un lenguaje comprensible y directo para describir la sociedad moderna, o posmoderna, o más bien hipermoderna. Ya con los títulos de sus obras más conocidas (casi todas en la Editorial Anagrama) podemos acercarnos a sus áreas de interés: El imperio de lo efímero: La moda y su destino en las sociedades modernas; La felicidad paradójica: Ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo; El crepúsculo del deber; Educar en la ciudadanía (Institución Alfonso el Magnánimo, Valencia), La tercera mujer: permanencia y revolución de lo femenino; La era del vacío: Ensayo sobre el individualismo contemporáneo; La sociedad de la decepción; Metamorfosis de la cultura liberal: Ética, medios de comunicación, empresa; El lujo eterno: De la era de lo sagrado al tiempo de las marcas, y (creo que el último traducido al castellano), Los tiempos hipermodernos.
Un fragmento de La era del vacío…
“La edad moderna estaba obsesionada por la producción y la revolución, la edad postmoderna lo está por la información y la expresión. Nos expresamos, se dice, en el trabajo, por los “contactos”, el deporte, el ocio, de tal modo que pronto no habrá ni una sola actividad que no esté marcada con la etiqueta “cultural”. Ni tan sólo se trata de un discurso ideológico, es una aspiración de masa cuya última manifestación es la extraordinaria proliferación de las radios libres. Todos somos disc-jockeys, presentadores y animadores; ponga la FM, de inmediato le asalta una nube de música, de frases entrecortadas, entrevistas, confidencias, “afirmaciones” culturales, regionales, locales, de barrio, de escuela, de grupos restringidos. Democratización sin precedentes de la palabra: cada uno es incitado a telefonear a la centralita, cada uno quiere decir algo a partir de su experiencia íntima, todos podemos hacer de locutor y ser oídos. Pero es lo mismo que las pintadas en las paredes de la escuela o los innumerables grupos artísticos; cuanto mayores son los medios de expresión, menos cosas se tiene por decir, cuanto más se solicita la subjetividad, más anónimo y vacío es el efecto. Paradoja reforzada aún más por el hecho de que nadie en el fondo está interesado por esa profusión de expresión, con una excepción importante: el emisor o el propio creador. Eso es precisamente el narcisismo, la expresión gratuita, la primacía del acto de comunicación sobre la naturaleza de lo comunicado, la indiferencia por los contenidos, la reabsorción lúdica del sentido, la comunicación sin objetivo ni público, el emisor convertido en el principal receptor. De ahí esa plétora de espectáculos, exposiciones, entrevistas, propuestas totalmente insignificantes para cualquiera y que ni siquiera crean ambiente: hay otra cosa en juego, la posibilidad y el deseo de expresarse sea cual fuere la naturaleza del “mensaje”, el derecho y el placer narcisista a expresarse para nada, para sí mismo, pero con un registrado amplificado por un “medium”. Comunicar por comunicar, expresarse sin otro objetivo que el mero expresar y ser grabado por un micropúblico, el narcisismo descubre aquí como en otras partes su convivencia con la desubstanciación postmoderna, con la lógica del vacío”.
Glup!




Foto Per Endström
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