domingo musical, lunes en urgencias

Categoría: De la vida y de la muerte, Música
30 de Marzo del 2009

Ayer ensayamos en una casa mallorquina en Algaida, un espacio estupendo en un lugar maravilloso. Una ocasión perfecta para evaluar al grupo con el que los Mestres Cantaires viajan al Alguer (Cerdeña) en menos de dos semanas. Ensayamos, ¿cuatro horas? creo que un poco más contando el rato informal después de la comida. Cantamos, pero también escuchamos a Pep Sbert tocando la guitarra, y la verdad es que será un lujo viajar con este artista que además de acompañarnos en algunas canciones será nuestro “obispo” en la obra de Antoni Martorell “La processò dels Profetes”.  Empieza bien el año del décimo aniversario con este encuentro donde nos conocimos un poco más. Tenemos trabajo por delante, pero hay ganas de afrontarlo. Y llegó el lunes y Lluci amaneció con amigdalitis, así que cambié las horas de clase en la UIB por una visita a urgencias, paseo por la farmacia y casita con delantal de enfermera. “Me duele cuando trago”, “me duele el ojo”, “me duele la panza”, “me duele la pierna”. Las amigdalitis agudas tienen estas cosas, que se desparraman por todo el cuerpo cuando tienes a tu mami al pie de la camita.//. Y así son las cosas, puedes planificar lo que quieras, pero unas veces te podrás ir a Algaida a ensayar y otras te quedarás en casa con todo el planning al revés. También tiene su encanto; aunque lo siento por los alumnos que se quedaron esperando. Una sola vida son muchas vidas.

profes y empollones

Categoría: Educación
30 de Marzo del 2009

Cuando llegué a España descubrí la palabra “empollón”, que todavía me sorprende, malamente. Resulta que empollones son los estudiosos, los que ponen los codos, los que se queman las pestañas, o secillamente como se dijo siempre, los buenos estudiantes. Pero lo fuerte es que el término tiene una connotación negativa, “es un empollón” dice algún compañero y lo que le falta es escupir. Los buenos alumnos tienen hoy mala prensa entre las mayorías; no es que fuésemos muchos nunca, pero estudiar tenía prestigio y reconocimiento, no sólo entre los maestros y padres, entre los compañeros también.//. No conozco estadísticas, pero diría que un porcentaje altísimo del personal docente de todos los tiempos se ha nutrido de los empollones que después del tránsito universitario nos quedamos en el aula cambiando el pupitre por la tiza. //. Es guay enseñar, es estupendo tener la posibilidad de trasmitir el entusiasmo que se siente por saber cosas, por descubrir, por probar cosas nuevas o redescubrir las apenas entrevistas. Y es estupendo encontrar entre los alumnos “almas afines”, caritas curiosas, preguntones inquisitivos, alguno que te pida bibliografía “extra”, que te comente un artículo, que te cuente una peli o un documental donde vio algo parecido a lo que estás explicando. Pero de estos no me he encontrado muchos la verdad; y si están por allí, lo disimulan, no vaya a ser que se queden sin amigos. Entre los alumnos casi nadie ambiciona una matrícula de honor y creo que ni los universitarios saben ya lo que es un cum laude, ni hablar de un summa. //. Ahora que hay tanta conciencia sobre la atención a la diversidad habría que desarrollar un programa para identificar a los empollones en potencia y apoyarlos y animarlos  a seguir sus impulsos; y no estoy hablando de superdotados, sino de estos que como yo, aunque no sean quizá de los más brillantes, les guste estudiar; estos que podrían sacar un buen 8 en todo.//. Quizá una parte del síndrome de “quemado” de los profesores actuales, no sea tanto la lucha con los alumnos difíciles e indiferentes; quizá sea la falta de ilusión producto del abismo que los separa de sus alumnos; ese colectivo donde parace imposible encontrar jóvenes almas afines.