Sí, efectivamente; es el título de una peli porno. No soy aficionada pero de vez en cuando me asomo; y casi siempre termino preocupada o indignada. Solamente con los títulos se podrían hacer unas páginas amarillas del mal gusto; hasta como chiste cansan. Antes me procupaba que los niños pudieran ver según qué cosas; pero la verdad es que a las horas en que aparecen en la tele; especialmente en ONO, ya los niños están (al menos los de aquí) dormidos y bien dormidos. Pero los adolescentes las tienen a mano, y no les vas a bloquear el “32″ o decirles no vean eso porque es muy feo; o reutilizar el argumento de “el sexo de verdad no es así”. Y encontramos que quizá nos faltan herramientas (o valor) para meternos en el pozo sin fondo de discutir si hay una ética sexual políticamente correcta.  Y el punto es, ¿está el problema en el sexo duro?, ¿está en las tomas ginecológicas?, ¿está en las variantes posturales o en las combinaciones de género, raza o tamaño?. Diría que no; indigna verificar el rol de la mujer en el cine porno: sumisa, denigrada; utilizada hasta la vergüenza como objeto capaz de aguantarlo todo y además poner carita de “me gusta”. Y creo que esto es lo que habría que comentar con los jóvenes; porque el manto que cubre/protege/oculta la sexualidad como cosa privada e íntima, donde suponemos que todo se hace de mutuo acuerdo; lo que permite es que la imaginería propia del porno se consolide como referencia de uso; cuando no es más que el discurso machista más primitivo: haz lo que quiero y como lo quiero; pero ya.



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