tirar trabajos
Educación 6 de Marzo del 2009
Aunque había tormenta anunciada, fui al campus a una tutoría acordada en horario “extra” con dos alumnas. No apareció ninguna. Pero desapareció momentáneamente una de las puertas del despacho, la arrancó el viento, y teneis que ver qué puerta; se necesitaron dos de los conserges para recogerla y guardarla.//. Después de la primera media hora que aproveché para mirar el correo, me levanté para regresar a casita, pero el ruido del viento me convenció de quedarme un poco más, así que me armé de valor y abrí el armario donde guardo exámenes, memorias de prácticas y trabajos de los alumnos. ¿Por dónde comenzar?, habrían unos ocho o nueve kilos de papel, quizá más; y la cosa se acumulaba desde el curso 2005-2006… Con entusiasmo empecé por los exámenes, cuidando no tirar los que todavía pueden ser revisados. Pero hasta allí fue fácil, empecé a revisar trabajos, tirando los malos y regulares y apartando los buenos. Todavía quedaban muchos kilos de papel; respiré profundo y tiré la mayoría pero sentimentalmente me quedé con algunos que fueron originales en su momento o especialmente buenos. ¿Por qué los alumnos los hacen y los abandonan?, el porcentaje de alumnos que viene cuando las asignaturas han terminado a recoger sus trabajos es ínfimo, por no decir nulo.//. Y llegué a las memorias de prácticas, que no pude tirar; al menos todavía. Creo que después de este desahogo la próxima vez que abra el armario tiraré todo lo que no sea 2008-2009.//. Con el espacio ganado en los dos estantes que me corresponden dentro del armario que compartimos varios profesores asociados y hacinados, pude recolocar una de las dos cajas con trabajos que esperaban a un lado del escritorio. La otra se quedó allí. Pero no está solita, hay como seis cajas de otros profes que intuyo sufren de la misma dolencia.




Foto Per Endström
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