Anoche fuimos a un concierto de la Sinfónica de las Islas Baleares que tenía de todo; bueno casi de todo porque faltaba profundidad y limpieza en la mayoría de las obras. Dos solistas, flauta (Sharon Bezaly) y violín (Shunsuke Sato). Llama la atención cuando un curriculum impresionante no concuerda con lo que ves y escuchas en el escenario; deberían eliminar los currículos de los programas de mano; en la música es el aquí y ahora, no importa si la solista tiene 20 discos grabados y es un genio desde que tenía 11 años. Tiene que presentar un discurso musical contundente, unas ideas que aunque sean distintas a lo convencional, tengan convicción y profundidad, aplomo musical, y no sólo “deditos”. No sé que me ponía más de los nervios, la chica acomodándose el vestido, el pelo, el atril, untándose cremita en la boca; o la espera de una frase que me dijera algo, que justificara todo lo que decía el programa y la flauta de 24 kilates. Quizá una mala noche.//. Y después llega el portento técnico del violinista asiático, gracia y aplomo que me dejaron con ganas de escucharlo con otro tipo de obra, donde pudiéramos valorar el fondo de su capacidad de interpretar. Sarasate no le daba más oportunidad que demostrar su preparación de gimnasta olímpico.//. Fui al concierto casi por escuchar la obra de Elliot Carter, compositor que me gusta mucho, aunque más en las obras raras, disonantes y sin final “chin pón”. La Obertura Holiday es una fiesta orquestal, pero los planos sonoros quedaron bastante desdibujados por la falta de limpieza y precisión, el sonido me resultó como apastelado por momentos. Pero contenta de todos modos por poder escuchar algo del centenario compositor que se programa poco y nada.//. La noche no dejó mucho para el recuerdo; bueno, la flauta de oro, que siempre es una curiosidad.
Voy en la furgo y anuncian una obra de Bach para violín solo; interpreta Itzhak Perlman la Partita Nº 3 en Mi mayor… y entonces todo cambia a mi alrededor; desaparecen los coches y las preocupaciones. La música lo ocupa todo, llego al parking y no hago nada cuando se apagan las luces y me quedo a oscuras con estos hombres, tan humanos y tan perfectos. Todo es extraordinario y a la vez natural, cada frase tiene sentido y te va llevando a lo profundo; pero una profundidad vital, llena de claridad. Polifonía con un sólo instrumento que logra que en la mente resuenen las demás voces, uno para el otro en una entrega absoluta. Un regalo que te anima y recuerda el sentido del arte; si no sales transformado, más feliz, mejor; entonces démosle otro nombre, pero no arte.
Aunque había tormenta anunciada, fui al campus a una tutoría acordada en horario “extra” con dos alumnas. No apareció ninguna. Pero desapareció momentáneamente una de las puertas del despacho, la arrancó el viento, y teneis que ver qué puerta; se necesitaron dos de los conserges para recogerla y guardarla.//. Después de la primera media hora que aproveché para mirar el correo, me levanté para regresar a casita, pero el ruido del viento me convenció de quedarme un poco más, así que me armé de valor y abrí el armario donde guardo exámenes, memorias de prácticas y trabajos de los alumnos. ¿Por dónde comenzar?, habrían unos ocho o nueve kilos de papel, quizá más; y la cosa se acumulaba desde el curso 2005-2006… Con entusiasmo empecé por los exámenes, cuidando no tirar los que todavía pueden ser revisados. Pero hasta allí fue fácil, empecé a revisar trabajos, tirando los malos y regulares y apartando los buenos. Todavía quedaban muchos kilos de papel; respiré profundo y tiré la mayoría pero sentimentalmente me quedé con algunos que fueron originales en su momento o especialmente buenos. ¿Por qué los alumnos los hacen y los abandonan?, el porcentaje de alumnos que viene cuando las asignaturas han terminado a recoger sus trabajos es ínfimo, por no decir nulo.//. Y llegué a las memorias de prácticas, que no pude tirar; al menos todavía. Creo que después de este desahogo la próxima vez que abra el armario tiraré todo lo que no sea 2008-2009.//. Con el espacio ganado en los dos estantes que me corresponden dentro del armario que compartimos varios profesores asociados y hacinados, pude recolocar una de las dos cajas con trabajos que esperaban a un lado del escritorio. La otra se quedó allí. Pero no está solita, hay como seis cajas de otros profes que intuyo sufren de la misma dolencia.



Foto Per Endström