Hoy había al lado de los contenedores de basura de mi calle, un cochecito de bebé roto, un colchón, un teclado de ordenador y una mesita, ah, y unas tablas. Esta situación se va repitiendo cada vez con más frecuencia. Me recordó algunas calles de Caracas. En Venezuela por ejemplo, no hay un servicio eficiente como el de aquí que llamas a Emaya y se llevan gratis (bueno, lo pagamos con los impuestos) los muebles y cosas que no quieras; entonces la gente saca “los peroles” y los va dejando al lado del contenedor; esto va desde una maleta rota hasta una nevera vieja. Por supuesto se relaciona con las clases sociales, en las zonas “buenas” los vecinos no permiten estos exabruptos y pagan para que alguien lo recoja. Entonces se resume en tener dinero para pagar a alguien que recoja tu basura grande, o si no lo tienes, sacar las cosas a la calle hasta que sea tanta que la alcaldía envíe un caminón a por ella. En todo caso, la situación es normal. No pasa nada por vivir en una calle sucia.//. Los gobiernos del tercer mundo tienen esta característica, este don, logran convencer a la gente, “al pueblo”, de que la vida es así; que es normal vivir en la indignidad, que es normal que las cosas públicas no funcionen. No importa cuánto dinero ingrese al país por el petróleo, en el caso de Venezuela. Es normal que haya pobres, delincuencia, que los hospitales no funcionen, que las oficinas públicas sean el colmo de la ineficacia. La vida es así, y así lo aceptamos. Y esto es igualito en muchos países que no son Venezuela.
En algunos pueblos de estos países, no pasa nada si alguien orina en la calle; no es que te aplaudan, pero no pasa nada. En otros, la gente los viernes y los sábado por la noche (todos los viernes y sábados por la noche) bebe sin moderación y ponen la música a todo volumen hasta la madrugada; se la pasan bomba y gritan de lo lindo. A veces se pelean, se pegan y gritan más; pero es fin de semana, hay que comprender.//. En algunos pueblos es apropiado descalzarce y toquetearse los pies en público, sacarse la tierrita; en otros se escupe en la calle cada dos por tres, unos buenos y sonoros gargajos. Es normal.//. Hay costumbres que tienen que ver con la cultura (que puede ser cultura de clases, cultura de la pobreza y de la riqueza, y cultura digamos étnica. Todo muy normal cuando estás en tu país; pero un día te tienes que ir, buscando trabajo, una vida mejor, porque te casas, porque te vas a estudiar, porque te mueres de hambre. Y te traes tus costumbres lógicamente. Y llego al punto que da título al post. Cuando llegas nadie te explica nada; no te hacen un curso de “costumbres y comidas mallorquinas”, o “tus deberes sociales en este país”. Los inmigrantes van aprendiendo a trompicones mientras viven y trabajan; los más listos pillan lo básico y se metamorfosean, los más sencillos trabajan y trabajan pero siguen viviendo como vivían por allá en su pueblo, como aprendieron, como se hace en su país, o como se hace en su clase social.
Y digo yo, no sería una inversión maravillosa que junto con la tarjeta de residencia te informaran el abc sociocultural. Los trucos, lo que se ve mal y bien. Que te dieran un papelito con el teléfono de Emaya anotado y te explicaran que tienes derecho a hacer una llamada para que se lleven el cochecito, el colchón y la mesita. No sería mejor explicar este nuevo mundo a los que llegan, y no esperar a que las diferencias alimenten eso tan feo que se llama xenofobia.

En una calle de un barrio de Caracas.