Las mamás hacen los disfraces. De las cosas que quedan inalteradas en la evolución de los papás hacia una mayor implicación en la educación y asistencia de los hijos, se encuentra la manufactura casera de disfraces (¿hasta cuándo hay que celebrar el carnaval?). Los papás modernos, modernos de verdad, que casi deberían llamarse “madres honorarias”; cocinan (no los domingos, cocinan cada día), lavan la ropa de los niños, los llevan al cole y las actividades extraescolares, no ponen pegas a ir con ellos al pediatra “solos” y logran entenderse con el especialista. Por supuesto los y las bañan, acuestan y hacen los deberes con los pequeños. Y son maravillosos por ello, y las mamás modernas que trabajamos y compartimos la faena educativa y asistencial, los valoramos muy especialmente. ¡Pero no hacen disfraces!. Este pequeño desfase, significa que por lo menos una vez al año (por cada hijo, claro) haya que ir en peregrinación a comprar telas de colorines, realizar plantillas, pegar flores, hojas y animalitos, y coser a mano y a máquina los disfraces, para convertir; por ejemplo en princesas, a las ya princesas cotidianas.
Pero no está nada mal, la verdad, tener en la mesa del comedor al hijo adolescente cortando las flores grandes, a la hermana de 8 años cortando las flores pequeñas y a la pequeña futura flor, pegando los centros amarillos con cola de barra…




Foto Per Endström