te regalo 16 horas, ¿cómo las vas a usar?

Categoría: De la vida y de la muerte, Educación
16 de Febrero del 2009

Una reflexión que me planteo de vez en cuando sobre la existencia de Dios es aquella que se centra en el agradecimiento. Cuando algo sale bien, o es un regalo inesperado, ¿a quién le das las gracias?, si la vida te ha tratado con cariño, ¿ha sido un simple azar?; ¿es baladí decir “gracias Dios mio”?. A primera vista uno diría que no, es importante dar las gracias y más a Dios. Pero, ¿por qué a mi, es que unos se  merecen más que otros?, ¿es que Dios decide a quien beneficiar, es que tiene “sus preferidos”?. Aquí la visión antropomórfica de Dios siempre se cae, es mejor pensar que hay cosas que pasan por razones que desconocemos o que nuestros limitados sentidos no perciben; es mejor pensar que no hay Dios, que estamos solos y a merced de nosotros mismos, a aceptar que existe y que favorece a unos y se olvida de los demás. O casi es mejor volver a un panteón politeista, donde entre unos y otros dioses se decide nuestro destino; y entonces lo extraordinario, bueno o malo, vuelve a ser un azar, con la rueda de la fortuna girando una vez más.

Hoy llegué a la universidad y me encontré que no tengo que dar clases hasta dentro de un mes porque los alumnos están de prácticas. De una asignatura ya lo tenía claro, pero de otra no, y así, de pronto, tengo estas horas disponibles. Que son un regalo, y no son más que una anécdota que me hace decir gracias y a la vez dudar de a quién se las tengo que dar.
“Y sin embargo hay algo que se queda, y sin embargo hay algo que se queja”, con palabras de Jorge Luis.