El Dr. Luis Biasón, nos envía los últimos avances en ansiolíticos. Un usuario presta el siguiente testimonio: “Después de llevar meses buscando, he logrado encontrar un nuevo fármaco antidepresivo que me está ayudando a entender mejor las cosas de mi empresa y estar más relajado en el trabajo. Desde que lo tomo parezco otra persona, estoy más tranquilo y no me altero por cualquier cosa, soy capaz de organizarme mejor y no tengo tanto trabajo atrasado, incluso estoy haciendo jornada intensiva. Este nuevo medicamento ya está disponible en todas las farmacias y se vende sin receta. Y va de maravilla para los problemas familiares y de pareja”. Su presentación es la siguiente:
El Dr. Biasón tambien recomienda otro medicamento, pero este si requiere récipe (y de color morado en Venezuela), por sus efectos secundarios que pueden ser adversos en algunas personas, especialmente si sufren hirsutismo. Le agradecemos su documentada información. La presentación del preparado es la siguiente:
Lo envía Joan Vives y hay que incorporar este dato.
“Sabías que cuando respondes un mensaje de texto y la otra persona tiene otra compañía de móvil estás pagando un sms cuatro veces más caro?
Pasa que cuando uno aprieta “RESP” desde el sms q te mandaron, estás usando el servidor (o sea la empresa) de tu remitente. Entonces en vez de pagar 15 céntimos, pagas entre 52 y 58 cent.. La forma de que no te pase más esto es saber si tus contactos usan Movistar, Vodafone u Orange; si se corresponde con tu servidor no importa, pero si por ejemplo eres Vodafone y el otro Movistar pagas 52 cent. y no 15.
Lo que hay que hacer es mandarle un MENSAJE NUEVO y NO RESPONDER DESDE EL QUE TE MANDARON.
Así siempre pagas 15 cent. Es importante que esto se sepa, porque es una estafa a nivel mundial y nadie lo dice”.
Resulta que hay tantas variantes entre las tarjetas plásticas con las que pagamos, o tenemos servicios (seguro médico, videoclub, supermercado) que deberían llevar adjunto un manualito de instrucciones, porque cuando coinciden en la cartera 2, 3, 4, o más, el caos está servido. Hace unos 20 años la cosa era así: si tenías una tarjeta de crédito, era eso, de crédito, te “fiaban” y pagabas después; todo a fin de mes (American Express por ejemplo) o fraccionado (Visa y Mastercard). Luego los bancos sacaron las tarjetas de pago, que no te daban crédito pero te permitían pagar sin llevar efectivo encima, mientras tuvieras dinero en el banco. Estas tarjetas llevaban el nombre del banco y ya está. No había forma de equivocarse: con Visa y Master, a crédito de verdad, con American Express, a crédito un ratico, y con la del banco, pagar si hay fondos, como un cheque (talón). Pero ahora hay Mastercard que no son de crédito sino que funcionan como antes las de los bancos; y además no todas son internacionales, por lo que si viajas tienes que estar pendiente de con cuál puedes pagar. Por ejemplo una que se llama Visa Electron, resulta que no la aceptan fuera de España.//. Y para estar al día, hay que incluir la Visa especial para pagar compras por internet, la que conozco y uso es de La Caixa. Pero esta termina siendo la única con la que no te confundes porque es como cutre, de cartoncito azul y con los datos escritos con impresora. Todas las demás se parecen y confunden, ¿nunca has entregado la tarjeta del seguro para pagar una cuenta?…
Hoy había al lado de los contenedores de basura de mi calle, un cochecito de bebé roto, un colchón, un teclado de ordenador y una mesita, ah, y unas tablas. Esta situación se va repitiendo cada vez con más frecuencia. Me recordó algunas calles de Caracas. En Venezuela por ejemplo, no hay un servicio eficiente como el de aquí que llamas a Emaya y se llevan gratis (bueno, lo pagamos con los impuestos) los muebles y cosas que no quieras; entonces la gente saca “los peroles” y los va dejando al lado del contenedor; esto va desde una maleta rota hasta una nevera vieja. Por supuesto se relaciona con las clases sociales, en las zonas “buenas” los vecinos no permiten estos exabruptos y pagan para que alguien lo recoja. Entonces se resume en tener dinero para pagar a alguien que recoja tu basura grande, o si no lo tienes, sacar las cosas a la calle hasta que sea tanta que la alcaldía envíe un caminón a por ella. En todo caso, la situación es normal. No pasa nada por vivir en una calle sucia.//. Los gobiernos del tercer mundo tienen esta característica, este don, logran convencer a la gente, “al pueblo”, de que la vida es así; que es normal vivir en la indignidad, que es normal que las cosas públicas no funcionen. No importa cuánto dinero ingrese al país por el petróleo, en el caso de Venezuela. Es normal que haya pobres, delincuencia, que los hospitales no funcionen, que las oficinas públicas sean el colmo de la ineficacia. La vida es así, y así lo aceptamos. Y esto es igualito en muchos países que no son Venezuela.
En algunos pueblos de estos países, no pasa nada si alguien orina en la calle; no es que te aplaudan, pero no pasa nada. En otros, la gente los viernes y los sábado por la noche (todos los viernes y sábados por la noche) bebe sin moderación y ponen la música a todo volumen hasta la madrugada; se la pasan bomba y gritan de lo lindo. A veces se pelean, se pegan y gritan más; pero es fin de semana, hay que comprender.//. En algunos pueblos es apropiado descalzarce y toquetearse los pies en público, sacarse la tierrita; en otros se escupe en la calle cada dos por tres, unos buenos y sonoros gargajos. Es normal.//. Hay costumbres que tienen que ver con la cultura (que puede ser cultura de clases, cultura de la pobreza y de la riqueza, y cultura digamos étnica. Todo muy normal cuando estás en tu país; pero un día te tienes que ir, buscando trabajo, una vida mejor, porque te casas, porque te vas a estudiar, porque te mueres de hambre. Y te traes tus costumbres lógicamente. Y llego al punto que da título al post. Cuando llegas nadie te explica nada; no te hacen un curso de “costumbres y comidas mallorquinas”, o “tus deberes sociales en este país”. Los inmigrantes van aprendiendo a trompicones mientras viven y trabajan; los más listos pillan lo básico y se metamorfosean, los más sencillos trabajan y trabajan pero siguen viviendo como vivían por allá en su pueblo, como aprendieron, como se hace en su país, o como se hace en su clase social.
Y digo yo, no sería una inversión maravillosa que junto con la tarjeta de residencia te informaran el abc sociocultural. Los trucos, lo que se ve mal y bien. Que te dieran un papelito con el teléfono de Emaya anotado y te explicaran que tienes derecho a hacer una llamada para que se lleven el cochecito, el colchón y la mesita. No sería mejor explicar este nuevo mundo a los que llegan, y no esperar a que las diferencias alimenten eso tan feo que se llama xenofobia.
El gran Rayito se ha liado con su hija Blanquita y tenemos una camada nueva de hamstercitos. Todo esto a petición de Abril quien quería más bebés en casa, “venga mami, pongámoslos juntos que mis amiguitas quieren uno”. Y Rayo que no pierde el chance hizo su placentero trabajo y aquí estamos celebrando los nacimientos. ¿Quién quiere uno?…
Esta no la tomé yo, pero nuestros “chiclets masticados” son igualitos!
Maria Eugenia Pardo es una venezolana que vive en Miami; llegué a su blog “Se habla venezolano” escaneando la red en busca de datos para el Blog de Los Melódicos, y me encontré su declaración de principios, que copio más adelante. Quizá faltan cosas y desde mi vivencia sobran otras, no es relevante porque cada uno ve con sus ojos. Pero lo que escribió me tiene lloriqueando desde hace un buen rato, “jipiando” y todo. Lo copio aunque sé que mis amigos mallorquines no van a entender “ni papa”. Y más tarde, cuando tenga un tiempito, prometo hacer una reedición con notas a pie de página, e ir explicando cada frase. Será un trabajo largo y muy sentimental, pero lo haré. Para Zoltan, Catalina, Abril y Luci; y para los que comparten mi vida del otro lado del charco.
Ser venezolano es
Ser bochinchero y buena gente, es ser el Chamo Chévere de la zona y la Cuaima que está bien buena. Es comerse una arepita con queso amarillo + una malta polar al salir de una super boda elegante, aún en tacón y smoking, es reir aunque el mundo se esté cayendo. Es ser buena nota con todo el mundo. Saludar con un Épale! Qué Más! ¿Cómo está la v…?, acompañado de un “uon”cantaíto . Es tomar whiskey con Agua de Coco y revolverlo con el índice mientras el medio y el pulgar sujetan el vaso. Saberse el comercial de “Desinfecta más, limpia más y no daña…” de memoria. Rumbear el jueves, porque es “viernes chiquito”. Ver el Miss Venezuela aunque sea diferido. Jugar béisbol pa’ llegar bien lejos como Galarraga. Haber bailado en un acto cultural del Colegio con alpargaticas y bigotes pintados con lapiz de cejas. Seguir los consejos de Eudomar Santos: “Como vaya viniendo, vamos viendo”. Es tequeños con salsa de tomate, aunque al Señor Scanonne le de un patatús. Afirmar hasta la muerte que “La mejor hallaca la hace mi Mamá”. Mencionar todo por sus iniciales y a los más panas, por los dos nombres. Es comerse las “S” y las “R” al final de las “palabraj”. Haber recibido (o realizado) un regalo para el Día de las Madres con paleticas de Helado o Guaralito. Celebrar el Día de la Secretaria con un “Coctel de Camarones” y como “pus café” un “teterito” (ponche crema+granadina con borde acaramelado y la impelable guinda). Es irse corriendo a la casa de la Mamá cuando faltan cinco pa’ las doce. Bailar música de la Billo´s antes de la “Hora Loca” en todo matrimonio que se respete. Comprar por partes y pagar en la quincena. Irse pa’ Barranquilla con el Caimán que se va. Rezarle a la Virgen de Coromoto para que nunca quedes como Presidente de la Junta de Condominio. Ver una película y preguntarle al de al lado: ¿A quién se parece el protagonista? ¿Ah? ¿A quién se parece?. Es tomar encapillao. Es poner la música a todo volúmen en el carro. Es pedir un marrón claro tibio sin espuma pero con un pelín de azúcar, para ayer. Es dar excusas sin que nadie te las pida. Es agarrar el puente completo y hacer promesas al Nazareno todos los años. Es tener el ring tone más sonoro y multifónico. Es ser el sabrosón del gimnasio aunque no levantemos ni una pesa. Es darle porque no viene carro, pedir un perro “con todo” y amanecer el 31. Ser Venezolano es no olvidarse de lo que somos. Es lavar los pañales y hacer de comer. Es Bochinchar. Es Enguayabarse. Es la parrillita del domingo con las frías y el dominó. Es Conticinio con Reagetton. Es Guasacaca con Roncito y Cascos de Guayaba, aunque borracho no coma dulce. Es ser buen amigo y parrandero. Es verlas a las dos pasadas. Es la Feria del CCT. Es dar una sala después del “Ay que noche tan preciosa”. Es Chusmita con Tïo Simón. Es el solcito de Playa El Agua con Nieve del Pico Espejo. Es guarapo ‘e papelón… Ser Venezolano es ir Palante, porque” Palante es Pa´llá”…. Es ser barrigones porque no nos fajaron chiquitos. Es madrugar pa’ recoger agua clara. Es no verle el colmillo al caballo regalado. Es a Dios Rogando y Con el Mazo dando. Es ponerle buena cara al mal tiempo y darle prisa al mal paso. Es cortarse la puntita del pelo el día de San Juan y celebrar el Día de Los Inocentes por prensa y todo. Todo esto y mucho más, somos. Más allá de latitudes y longitudes. Es una herencia que llevamos por dentro. Estemos donde estemos. Estemos como estemos. Ser Venezolano es Sentir Venezolano. Es hablar Venezolano. Es ser hermano de los pumas, del Arauca Vibrador, de las garzas, de las rosas… y del sol. Ser Venezolano es rendir culto al Ave Fénix… y renacer de las cenizas, con una sonrisa en la boca. Porque por encima de cualquier cosa, seguimos siendo Venezolanos y donde quiera que estemos, hablaremos venezolano parejo”.
Gracias Maria Eugenia y… “puede pasar con confianza, va a verme limpiecita como un sol, “soy yo” me asean con el limpiador de pocetas MAS que desmancha MAS desinfecta MAS, y no mancha…”.
Cuando comenzamos con la idea de emprender la aventura coral de montar el Requiem de Rutter y el Salmo 100 de Vaugham Williams, e ir a cantarlos a Londres, no imaginaba que podría llegar a ser un grupo tan numeroso. Me imaginaba al principio un grupito de ilusionados cantaires preparando la partitura, no sé, quizá pensé que era posible llegar a unos 30 o 40 entre conocidos de los coros que dirijo y algunos de los cantaires individuales que fueron a Londres a cantar el Mesías el noviembre pasado. Pero que a cinco meses del concierto 86 personas quieran prepararlo y que muchos viajen con novios o esposos, por lo que rondamos las 100 almas; ha escapado del todo a mis previsiones más optimistas.//. Somos un variado grupo de cantantes de diferentes coros, edades y nacionalidades, diferentes niveles vocales y diferentes ritmos de aprendizaje, pero hay una electricidad en el ambiente y unas ganas de trabajar y llevar adelante el proyecto, que me imagino se va contagiando. Hoy me ha llamado un periodista del Diario de Mallorca que quiere saber y entender qué es esto que se está “cocinando”; cómo es que de pronto se llena un avión de mallorquines (con ingleses, alemanes, mexicanos, venezolanos y argentinos incluidos) que se van a cantar a Londres por su cuenta. Y quizá le cuente que además se han sumado como 6 cantantes de Valladolid y que hoy me dicen que viene a los ensayos una chica desde La Senia (Catalunya).//. En fin que parece que se ha producido una confluencia positiva de los astros para que haya prendido la chispa y estemos tan entusiasmados con este plan.//. Ahora toca seguir ensayando y haciendo planes para un fin de semana en Londres que seguro será inolvidable. La obra, el director, el teatro, la ciudad; la gente.
Cada una tiene su gracia. Si ves las flechas amarillas primero, en tu cerebro predomina el hemisferio derecho (intuición y arte), si ves las verdes, predomina el hemisferio izquierdo (lógico-matemático-racional!). El punto en el triángulo está más cerca ¿del vértice o de la base?, mídelo y verás!
Venían en un powerpoint muy guapo que me envió Joan Vives.
Tengo una amiga venezolana que vive en Valencia; he recibido casi como caído del cielo un mail suyo después de habernos perdido la pista hace un par de años; ya le contesté esperando que me cuente todo lo que ha pasado desde entonces; como decimos por allá: ¡cuéntame desde “aló” hasta “clic”!. Es raro saber que alguien con quien has compartido bellos e intensos momentos esté cerca, aunque los kilómetros nunca son la explicación para los distanciamientos; son los caminos que se bifurcan, son las prisas, a veces nuestra incapacidad de desconectar de un presente absorbente, de una intensidad que no deja más espacio que momentos fugaces para recordar y reflexionar.//. Mi amiga arquitecto; que tiene una voz fantástica de soprano, anda por allí.
A raíz del vídeo sobre la nieve, veo que puede clasificarse en una categoría que aunque parezca anecdótica, expone un sentimiento que se encuentra con frecuencia en canciones, poemas y diversas expresiones de la cultura popular: la ilusión por vivir en un mundo mejor, “el norte” de antes y “el primer mundo” de ahora; y que se completa con la desilusión posterior cuando descubres que no es lo que esperabas; o no tiene lo que ahora encuentras imprescindible. Este síndrome del “norte es una quimera” (que seguramente ha sido descrito, pero que hoy bautizo) también lo encontramos, en “los que se quedan”. Amigos y familiares que ven con ojos desconfiados al que se fue y regresa; y a quien suponen (con o sin razón) cambiado, sintiéndose superior o simplemente distinto por vivir en otra realidad. (Irse siempre tiene un matíz de traición para los que se quedan). Pero lo interesante es ver cómo la cultura popular los refleja, burlándose del que se ha atrevido a probar suerte, y si regresa “con la frente marchita”, peor que peor. A veces ni siquiera hace falta irse muy lejos, simplemente alejarse del pueblo, irse a la capital, y ya se establece el sentimiento descrito, este de búsqueda de una vida mejor, la desilusión si no te fue bien, y la burla, o el comentario crítico de los que se quedaron.
Aprovecho dos merengues venezolanas tradicionales (las letras dan el marco histórico) como ejemplo, además del vídeo de marras. En el primero, “Juan José”, hablan los del pueblo. En la segunda “El norte es una quimera”, hablan tanto el que se fue y vuelve desilusionado como quienes se quedaron.
Juan José Allá viene, allá viene, Juan José; viene de la gran capital
más encumbrao que un pavo real, echándoselas de gran señor,
ya camina con un yo no sé qué, y con el cuello alzao,
dicen que sabe mucho que viene rico y recomendao (Bis)
Ay, Juan José me da pena verte como te han despachao,
ya no sabes montar, ni siquiera hacer caminar tu burro.
Ay, Juan José, burro no se monta con sombrero ni zapatos,
ni con sortija de mucho brillo, ni con pañuelo muy amarillo
ni con bastón de puño de oro, ay, Juan José (Bis)
El norte es una quimera (Luis Fragachán)
Me fui para Nueva York, en busca de unos centavos
y he regresado a Caracas como fuete de arrear pavos.
El Norte es una quimera, qué atrocidad,
y dicen que allá se vive como un pachá.
Ay, Nueva York, no me halagas con el oro,
tu ley seca la rechazo, no me agrada y la deploro.
A Nueva York, yo no, no voy, allá no hay vino,
no hay berros ni hay amor.
Todo el que va a Nueva York, se vuelve tan embustero
que si allá lavaba platos dice aquí que era platero.
El Norte es una quimera, qué atrocidad,
y dicen que allá se vive como un pachá.
No vuelvo pa’Nueva York, lo juro por San Andrés,
no me gusta hablar inglés, ni montar en ascensor
El Norte es una quimera…
Ay, Nueva York, no me halagas con el oro,
tu ley seca la rechazo, no me agrada y la deploro.
A Nueva York yo no, no voy allá no hay vino,
no hay berros ni hay amor.
Joan Vives me envía este divertido monólogo del argentino Dani Brieva. Para disfrutar más el florido vocabulario del cono sur, he aquí el vocabulario básico: asado (parrillada), trolo (maricón), boludo (imbécil, tonto), luca (billete de mil pesos), pileta (piscina), chásis (bastidor), gamba (pierna).
Reír a menudo y mucho; ganar el respeto de gente inteligente y el cariño de los niños, conseguir el aprecio de críticos honestos y aguantar la traición de falsos amigos; apreciar la belleza; encontrar lo mejor en los demás; dejar el mundo un poco mejor, sea con un niño saludable, una huerta o una condición social redimida; saber que por lo menos una vida ha respirado mejor porque tú has vivido. Eso es tener éxito.