hacia un cuerpo docente de monitores

Categoría: Educación
19 de Enero del 2009

El profesor tradicional debía tener amplios conocimientos en su especialidad. La experiencia docente podía medirse como la capacidad para enseñar más rápido y mejor a alumnos dedicados a lo que aquí se llama “empollar”. La élite docente se encontraba en el parnaso de los catedráticos y en la universidad se sigue reflejando en la cantidad y calidad de las publicaciones.//. Acabada la etapa de preparación milimétrica de la materia y de nervios frente a los alumnos, pasabas al bello y relajado ejercicio de la enseñanza, premiado si te habías esmerado y se te daba bien, con el reconocimiento de ex-alumnos y colegas (esto último siempre menos, pero a veces con brindis y placa conmemorativa cuando te jubilabas o cambiabas de institución). Pero los tiempos han cambiado más rápido que nuestra capacidad para reciclar conceptos y actitudes. Hay nuevos valores en el aula: la capacidad para solucionar conflictos, el ojo para detectar y actuar ante necesidades educativas especiales, la soltura para ser un profe guay y enrrollado, el pulso para que tus contenidos sean entretenidos y destilen actualidad. Y en el ámbito de magisterio, que puedas brindar herramientas de uso inmediato, y que te eviten el ¿y para qué me sirve esto? cuando se te ocurre ir a la reflexión filosófica, la profundización técnica o el discurso ético. En resumen, muchas habilidades sociales, bastante simpatía; y conocimientos básicos. Más o menos, las destrezas que despliegan los monitores de actividades extraescolares. Ser guay y manejar un amplio repertorio de juegos esquemas y gráficos, dinámicas de grupo, recursos multimedia.//. Nuevos tiempos que obligan a reciclarse o morir en el intento.//. Siempre podemos pedir consejo a los entrenadores deportivos; pero ellos tienen permiso para gritar.