Las fiestas de navidad y fin de año, con los días libres, la musiquita “niño lindo ante ti me rindo”, los pps y las tarjetas con tan buenos deseos, tienen un efecto nostálgico del que es difícil escapar. Me da por recordar a la familia lejana, qué original, pero especialmente a la familia lejana en el tiempo. Esa familia platónica a la que vamos borrando arrugas e imperfecciones, esa que mejora con los años y los kilómetros; no como el buen vino, sino como las películas de autor, en blanco y negro, que no vez casi nunca; sólo cuando estás con el ánimo raro, mezcla de cansancio, tranquilidad y curiosidad por ver cómo eran las cosas, o cómo es que nos parecían. Los recuerdos nostálgicos son todavía mejores que las pelis, porque sin soporte físico, no hay más que imágenes que guardamos con cariño.
Aura Estela, Irina, Cate y Zoltan.





Foto Per Endström