Yo era una pavita zanahoria. Una pava es una al·lota, una noia; una muchacha pues. Aquí en España se dice la “edad del pavo” pero es para referirse a la etapa tonta de la adolescencia, esta que se acaba a los 30, a los 40, o a los 55, según la madre que te haya tocado.//. En Venezuela pavos y pavas eran la muchachada. “Tu hijo es un pavo bello”, “la hermana es una pavita chévere”; y así.//. Ser zanahoria, allá por los 70’s hacía referencia a los jóvenes que no consumían alcohol ni fumaban, y que con el sexo iban poco a poco, o más bien lentísimo. Y por supuesto, ni de lejos fumar hierbitas.//. Ser zanahoria tenía sus pros y sus contras; los pros venían de recibir un cierto respeto por parte de algunos contemporáneos, respeto que de alguna forma se extendía a los padres y profesores; los contras los sentías a través de una risita condescendiente del resto de compañer@s, y hasta de las hermanas y prim@s más vivid@s que tu.//. Pasé de ser una pava zanahoria a una señora zanahoria; nunca fumé, y bebí alcohol moderadamente. Bueno; con la excepción de una etapa universitaria en la que adquirí a ritmo intensivo la cultura etílica necesaria para dejar de vomitar a la quinta cerveza o al medio litro de “guarapita” (estas mezclas caribeñas de ron con zumos). La universidad también me espabiló en otros temas biológicos en los que no progresaba ni siquiera adecuadamente; ir a la universidad es importante, se aprende mogollón.//. Mantengo otros aspectos zanahoriles; todavía no reconozco el olor de la marihuana, y eso que se llama esnifar rayas de coca hace que se me paren los pelos y casi que me santigüe. Mi querida amiga Paloma dice que tengo un “punto monjil”, puede ser, especialmente si confieso que lo que me pasa con las drogas es que les tengo terror pánico; inculcado con paciencia y persistencia por mi papá e incorporado con la fe ciega que se debe al pater familiae.//. Pero mi vida ha cambiado. He descubierto las alas que te da el red bull. Y no sé cómo es legal, porque el efecto es impresionante. Será porque mi cuerpo es más sensible a la cafeína o al jugo de testículo de toro (¿taurina?) que parece que tiene. La cosa es que un red bull, o en su defecto un burnst (que es más barato) me da unas alas que no veas. Aguantas 4 horas más de ensayo, del mejor humor y con ganas de seguir la juerga musical (que es la única juerga que me interesa).//. Paloma, ya no soy una señora zanahoria.