Sigo pendiente de escribir un post largo sobre este compositor mallorquín, y otro de su hijo Bernardo, que solito ya merece toda una crónica. Pero mientras tengo el tiempo para que me salga una cosa bonita como toca, sigo reflexionando sobre lo visto y oído en el Auditorium de Palma hace un par de semanas.//. En la primera parte del primer concierto de la temporada de la Orquesta Sinfónica había una obra de Torrandell, Tristes souvenirs, op. 8 y luego el segundo Concierto para violín de Prokofiev, con Boris Belkin como solista. En la segunda parte, la Sinfonía Titán de Mahler. Vale que Mahler acapara la atención donde se interprete, basta con las 8 trompas y el doble set de timpani, las 4 flautas, la banda interna, la cuerda casi duplicada… y la maravilla de partitura, por supuesto. Aunque la interpretación sea regulín-regulero, la grandiosidad de la obra hace el milagro. Pero no es de Mahler que quiero hablar (esto es lo que pasa cuando anda por allí). Es de Tristes souvenirs. Qué cosa tan bella, una pequeña joya de melancolía; compacta y sonora, emocionante en su triste profundidad. Quien escribe una cosa así conoce el instrumento orquestal a cabalidad, tiene inspiración además de oficio.//. Sigo confirmando la grandeza universal de este compositor mallorquín. Y llego al meollo: los aplausos. Si hubo 15 segundos de aplausos fue mucho, lo justo para que Philippe Bender pudiera hacer una mínima reverencia y salir a buscar a Belkin para el concierto de violín. Un trámite musical, un visto y no visto; pero sobre todo un “no oído”. Qué cosa más injusta. Cómo se puede escuchar esa música y no sentir desde el fondo del corazón que aquello es bello y bueno.//. Creo que hay que repetir mil veces más que en Mallorca nació un señor compositor llamado Antoni Torrandell, y que tenemos la obligación nacional, cultural y hasta moral de conocer su obra, de apreciarla, de juzgarla, de tener una opinión al respecto. Y que un público que pasa por iniciado, que se reúne religiosamente cada quince días para escuchar a la Sinfónica, no se debería dar el lujo de hacer gala de ignorancia e indiferencia ante uno de los grandes músicos de su tierra.
Por cierto, ha salido recientemente un CD con la Primera Sinfonía y el Concierto para violín, de Torrandell, grabados por la Sinfónica dirigiendo P. Bender. Y desde hace varios años existe una grabación de Joan Moll con parte de la extensa obra de Torrandell para piano. Ya no hay excusa para decir, “yo no sabía…”





Foto Per Endström