caracoles estripados
Categoría: Animal, Vegetal y Mineral, De la vida y de la muerte28 de Octubre del 2008
Llega el frío y llega con agua. Llueve en el campus y de las zonas verdes comienzan a salir de excursión decenas de caracolitos inocentes que atraviesan las zonas peatonales sin conciencia del peligro. Y es su fin. Hoy conté 7 estripados en menos de 6 metros. Los reconoces por las cascaritas como de huevo roto y la masa informe entre la humedad circundante. Me dan pena, la verdad. //. Hace mil años tenía un amigo cuyos padres (y él también por aquello de la empresa familiar) criaban conejos y caracoles. Vendían los bichos a un par de restaurantes de Caracas, no era una producción muy grande pero así mismo tenían sus jaulas y sus piscinas de caracoles. Los conejos sólo comían dentro de sus jaulas, es decir, sólo engordaban, jamás salían de sus pequeños habitáculos. Cuando alcanzaban el peso adecuado, se les sacrificaba, despellejaba y al restaurant. La mamá de mi amigo hacía unos cojines muy monos con las pieles de los conejos.//. Vi unas cuantas pieles secándose en unas cuerdas. Y me dio repelús, porque al voltear la cabeza veías de un lado las jaulas con los animales come que te come y al girarla las cuerdas con las pieles colgando al sol.//. Luego estaban los caracoles. Crecían en unas especies de huecos grandes en la tierra, como unas piscinitas, rodeados por un alambre electrificado. Así no se escapaban. El ambiente era muy húmedo en esta granja y los bichos se reproducían de lo lindo, había cientos. //. Me contaba mi amigo, que una noche se fue la electricidad, cosa nada rara en Venezuela, y al día siguiente una invasión de caracoles ocupaba todo el lugar. En las paredes externas de la casa y los coches de la familia, había montones de caracoles en las ruedas, en el techo, en las caminerías de la casa. Y por supuesto en las jaulas de los conejos que no sé si en esa ocasión variaron su dieta por una más exquisita.//. La familia pacientemente fue recogiendo los caracoles y volviéndolos a su lugar, ya la electricidad había regresado. Estuvieron horas. Mi amigo lo contaba risueño aunque parece que a los papás no les hizo ninguna gracia.//. Me encantan los caracoles ¿bourguignon? y el conejo al salmorejo. Especialmente porque no los sé preparar y porque no tengo que despellejar al lagomorfo ni sacar al gastrópodo de su concha, pues sé que vienen en latas y las conchas se compran aparte.//. Cómo conciliamos estos sentimientos encontrados. Será porque el paladar manda más. O será porque podemos vivir en esta esquizofrenia moral que nos permite apiadarnos de los débiles lejanos y aprovecharnos de sus beneficios cercanos.




Foto Per Endström