entierros

Categoría: Mallorca, Rayos y Truenos, Venezuela
7 de Octubre del 2008

Desde hace más de 100 años hay referencias en Venezuela sobre los “entierros”; fortunas que reposaban bajo los jardines de casas y haciendas de gente adinerada, y que había muerto o desaparecido sin dejar información sobre el lugar que guardaba el tesoro. A la incipiente banca no se le tenía mucha confianza así que nada mejor que los terrenos propios para guardar los dineros familiares. Entonces los parientes y luego los sucesivos propietarios, pala en mano, intentaban encontrar los baúles y arcones enterrados; dicen que a veces encontraban y a veces no.//. Estos tesoros estaban formados básicamente por “morocotas”, monedas norteamericanas de oro por valor de 20 dólares de la época. Resulta que durante varias décadas del S. XIX y comienzos del XX circularon libremente en Venezuela monedas de diferentes países, tanto europeos como americanos; debía ser la simiente del caos monetario cuyo espíritu no nos abandona. Así que además del bojito al final del arcoiris, también buscamos los susodichos “entierros”.//. La novedad es que no sólo en Venezuela hay entierros, aquí en el primer mundo, en esta bella isla de la calma; también los hay. Justamente hace un par de días, en el jardín de una señora que antes ejercía un cargo público de bastante jerarquía, han encontrado enterrada una bolsa con 240.000 euros… saco la calculadora… 14.640 morocotas.//. Las señoras venezolanas llevaban (hasta hace bien poquito) pulseras con morocotas colgando. ¿Cuántas pulseras querría hacerse esta señora mallorquina?… ya se lo preguntaremos cuando salga del talego.

¿quien te enseñó a rezar?

Categoría: De la vida y de la muerte, Familia
7 de Octubre del 2008

- Mi mamá.
- ¿La abuela Cate?
- Sí…
- ¿Y ella también sabe rezar?
- Mmnjá.
- Alaa!…

(Quién puede saber qué es lo que impresiona a una niñita de 5 años de la oración; el ruego, el agradecimiento, los versos… o el hecho de hablarle a alguien que no se ve ni se conoce?.//. Ya preparo la artillería para cuando llegue la gran pregunta: mamá, ¿quién es Diosito?).