pecador
De la vida y de la muerte 30 de Septiembre del 2008
Hay oficios y hay profesiones y hay vocaciones. No todos los trabajos exigen vocación, ni todos los oficios la necesitan. Pero en algunos es imprescindible por su propia naturaleza. Enseñar, dirigir, sanar, cuidar, criar, ser pastor de almas… para esto se necesita vocación, sin ella todo termina siendo una farsa y más tarde o más tempreano te encuentras agotado y hastiado del trabajo.//. Dirigir sin alegría, enseñar sin entusiasmo o decir un responso por un difunto con descuido o indiferencia me parece criticable. Y me quedo hoy con esta última profesión. Quizá sea la décima vez que en un día un sacerdote del cementerio dice un responso por un muerto, pero para las personas que están allí reunidas despidiendo a un familiar o un amigo, es un momento único, ese adiós al cuerpo físico; que no a los recuerdos y al afecto. Un cura que celebra con descuido, indiferencia, perdiéndose en la lectura (que además debe haber realizado mil veces) debería penalizarse; se le debería cobrar una multa por negligencia, me parece ofensivo. Un sacerdote según ha evolucionado la religión católica es ante todo un profesional, con una titulación y unas responsabilidades, no importa que quien lo observe sea creyente, practicante selectivo o visitante ocasional; se juzga como a cualquier otro profesional; y tiene que hacer su trabajo y hacerlo bien, de manera eficiente y convincente.//. Qué disgusto y qué desilusión escuchar a un funcionario de la fe; pero funcionario en el peor sentido de la palabra, ese que comete un tipo de pecado muy especial, dejar de lado voluntariamente algo bueno, que además es su obligación.



Foto Per Endström
Pues si Irina, hoy hemos asistido a dos actos diferentes pero con la misma fibra sensible, la del dolor, y por lo que comentas deben haber sido, iba a decir “oficiados” por los signos de solemnidad que debería contener el acto, pero quizás debería decir “despachados”, por el mismo funcionario de la fe, como tu lo denominas, un hombre gris de vestimenta y gris de respeto e intención. Una verdadera lastima que un acto de dolor y respeto, lo convierta en un cúmulo de despropósitos teñidos de aburrimiento y mal hacer. Una lastima que este ultimo acto con un ser querido, lo haya convertido en un paso burocrático mal dado. Menos mal que los presentes hemos puesto el suficiente corazón para trufar de sentimientos esas palabras huecas pronunciadas por un quincallero de la fe.
Con la Iglesia nos hemos topado… Casi nada.
A mi es un tema que me preocupa pero desde unas perspectivas algo alejadas a las que habéis vivido hoy, tristes, dolorosas, con la pérdida de un ser querido de por medio. Sé que mis reflexiones os sonarán a teoria y quizás fuera de contexto, pero también pueden servir para ver la situación desde otra cara.
Yo no soy creyente, nada. Soy agnóstico, materialista. Creo que somos un simple accidente químico y nada más. No hay nada de trascendente en nuestras vidas. Ni nada más allá que no sea materia y energía. O antimateria, si queréis.
A pesar de ello considero necesarias las religiones porque pienso que la humanidad, los siete u ocho mil millones de personas que viven en esta Tierra no pueden pensar como yo, sería peligroso, muy peligroso. Falta mucho para este paso. Mientras, las religiones nos obligan a una ética y a una estética que si fuera por los genes brillarían por su ausencia. Creo que religiones como la cristiana tienen mucho de bueno cuando predican la igualdad, el amor al prójimo, la espiritualidad frente al materialismo…. Por esto me gustaría que sus funcionarios fueran unos grandes pedagogos de estos principios.
Pero es pedir demasiado. No se puede pedir que alguien que ha tenido un producto en monopolio durante 2000 años, que se ha cargado la competencia, que ha tenido a los clientes secuestrados, sea ahora competitivo.
¿Qué entiendo por competitivo? Pues que sepa del dolor de las personas, de sus quehaceres, de sus gozos, que sea psicólogo y sociologo, que conozca la comunidad, y qye después sepa ayudar con sumensaje y sus principios en aquello que se le nececita.
¿Creéis que hay funcionarios de la fe de esta guisa?
Si los conocéis, decídmelo, intentaremos clonarlos.
Lo más desmoralizante es que su única forma de ponerse al día ha sido colgarse unas guitarras o ponerse delante una cámara de televisión.
No es esto lo que necesitamos, es otra cosa, es otra cosa cercana a los funcionarios que están en las selvas, en los barrios pobres de los paises del tercer mundo…. Pero estos no hacen responsos en un tanatorio.
Lástima. No asistí por problemas familiares, como sabes. Si hubiera asistido, hubiera echado en falta aquellos cantos gregorianos que acompañaban la misa de Requiem, que ayudaban a situar el espíritu de los vivos en el ámbito de los muertos, impregnando de fe un acto que, de otro modo, se convierte en un trámite burocrático por mor de un “funcionario” que nada entiende de espíritus, aunque se dedique a cultivar almas.