yerma
Danza y teatro 26 de Septiembre del 2008
Cuando ves mucha tele, sea en canales públicos, privados o por cable, se te llega a olvidar que hay otra forma de usar las mismas palabras. Que casi el mismo vocabulario cotidiano puede llegar a trasmitir emociones e ideas profundas, complejas, importantes, y en la boca de otros que también son actores, pero caray, qué diferencia.//. Fuimos a la Sala Mozart del Auditorio a ver esta obra de García Lorca. Fue hace 3 días y todavía vibran en mi aquellas palabras, un texto potente y bello que te traspasa. Una historia que dentro de unos años seguramente necesitará traducción para las nuevas generaciones; ya puedo anticipar las preguntas de Abril y Lucía… “mamá pero por qué no se divorcia”, “mamá pero no le podían hacer inseminación artificial… ¿no puede adoptar?”, “por qué no se va de ese pueblo miserable”… Esta vida rural y simple, este rol de la mujer limitado a sirvienta y madre será muy pronto incomprensible; y sin embargo el arte con que está escrito llegará y golpeará siempre, porque esa es la dimensión de grandeza del arte, esta capacidad de arrancarnos de la vida común y elevarnos y hacernos trascendentes.//. Y tengo que decir que el montaje de este grupo dirigido por Pedro Victory, resultó convincente y maduro, aunque se me hicieron muy largas las transiciones y a veces el flamenqueo sobraba, no creo que porque sea Lorca tenga que saber a gitano siempre; esta historia podría ocurrir en cualquier parte.//. Y finalizo con la emoción de haber visto y oído a Carmen Feliú en todo su esplendor; el papel parecía escrito para ella. Que orgullo que cante en la CUOM, y nos contagie esa experiencia y ese arte que la acompaña.



Foto Per Endström
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