mármol y escaleras
Animal, Vegetal y Mineral 26 de Septiembre del 2008
Cada vez que voy a trabajar a la partituroteca, que queda en un tercero sin ascensor (pero en un edificio de los de antes, con techos a más de 3 metros en cada planta) tengo un momento de felicidad casi al final del trayecto mientras recupero el aliento. Primero el suelo y luego las rejas de la escalera. El mármol de los dos primeros pisos no tiene nada especial, es un mármol ordinario. Pero el que llevan los escalones del segundo al tercer piso es diferente, y debe ser el original. Es como de mantecado, de una vainilla cremosa, de un color casi carne que además tiene unas finas vetas grises azuladas muy suaves. Es una maravilla. Y luego está el trabajo de forja de la escalera, con flores, y partes torneadas, delicado y fuerte a la vez. Realmente todo el edificio, que forma parte del mismo conjunto arquitectónico del Instituo Ramón Llull, es fantástico; con ese dilatarse en los detalles que no se consideraba pérdida de tiempo y material sino necesario para darle el acabado humano y acogedor a la obra. Todo el conjunto es estupendo; pero las escaleras y el mármol que van al tercer piso de Sa Riera son únicos, será porque son míos.





Foto Per Endström
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