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Críticas,
Música 21 de Septiembre del 2008
Goldberg es, además del aria con variaciones para teclado de Bach, una revista de música antigua. Hace unos días estuve leyendo dos ediciones, con calma y admiración como se corresponde con una publicación así. Es bellísima, elegantísima, de una calidad en el papel, la diagramación, la fotografía y las reproducciones de cuadros que impresiona. Las colaboraciones son eruditas y se las arreglan para que la publicidad pase casi desapercibida. ¿Cómo se mantiene una publicación de ese nivel, y temática de público minoritario en estos tiempos? Cuesta 13 euros, pero ni siquiera eso debe alcanzar para la edición trimestral, tendrán algún o algunos amorosos patrocinantes.//. Conocía la revista pero hasta ahora no había reparado en que es casi chocante, tiene algo de pomposo y artificial, algo así como “vivimos al margen de las miserias del mundo” o “somos los verdaderos exquisitos”. Va de música al fin y al cabo, y los músicos de quienes trata no eran en su mayoría nada exquisitos, eran currantes, servidumbre, y muchos pasaban hambre y enfermedades como cualquier persona que vivió en la edad media, el renacimiento o el barroco. Entonces esta pátina súper refinada me terminó dando como risa; como si los siglos borraran la función y significado del arte en aquellos tiempos (y me acuerdo de las propias variaciones Goldberg, compuestas para acompañar las noches de insomnio del conde von Kayselingk). Esta perspectiva no disminuye la música, que en sí misma cuando es buena, es un tesoro, como siempre; pero si es crítica con esta aproximación francamente snob.//.
Stomp es un grupo de bailarines e instrumentistas; tap urbano, estética hip hop o punk, virtuosos de la rítmica corporal y los instrumentos no convencionales, los papás y mamás de Manumayá, según sus declaraciones, y deudores de las primeras propuestas de Taketina y Bodypercussion de los años 70. Ritmo y música callejera, reflejo de un siglo XXI revuelto y una juventud con algo que decir, tíos con tatuajes y crestas rojas o negras en la cabeza, chicas y chicos con aquellos pantalones caídos. Pero no confundirse, lo que hacen requiere cientos de horas de ensayo, de memorización, de coordinación y preparación física. Es básicamente ritmo, pero qué variedad y cuántos matices y timbres.//. Cuanta naturalidad y orgullo al mostrar un trabajo que quieren que llegue a todos; qué pasión por comunicar y conectar sin parafernalias.//. Para respirar necesito poder gozar (gaudí, como se pronuncia en catalán que suena tan bonito) de la música antigua y la música popular, del sinfonismo europeo y la música caribeña, de la ópera, los musicales y la zarzuela que cada vez me gusta más.//. Lo que convierte la música en elitista son las poses cultas y las entradas a 50 euros.