La cosa no es cuento. Recuerdo hace más de 20 años cuando se empezó a hablar del sida, parecía una cosa lejana, que ocurría en Africa y Estados Unidos, sólo entre los grupos de riesgo y entre ellos a los más descarriados. Hasta que murió el primer conocido, y luego otro más cercano, y luego otro. No eran personas marginales y lejanas, era un profesor de una hermana, un compañero del coro, un amigo de siempre de mi mamá. Tenían nombres y caras.//. Hace meses que escuchamos de la crisis económica a nivel mundial, se escucha del descenso de la publicidad en los medios y de las ventas en las tiendas (el día que me dejé el móvil en el Corte Inglés, serían como las 19 h, escuché a una dependienta del departamento de señoras que le decía a otra “hoy no he vendido nada”), del descalabro bancario y de la bolsa. Pero todo esto no tiene caras ni nombres. Hasta que una amiga te dice que despidieron a su hijo piloto porque la aerolínea donde trabaja reduce personal; y al día siguiente una cantaire te cuenta que despidieron a su hija de otra aerolínea donde era azafata. Y te llaman de la agencia de viajes para avisarte que han suspendido el vuelo a Londres en el que viajábamos más de 40 personas y que hay que cambiar de compañía. Ya sé que no es comparable con lo del sida donde la gente se muere, pero me refiero a aquello de “que viene el lobo”…
Me cae bien porque es una tremenda profesional y una señora guay con una larga carrera de éxitos, y como dice mi papá, el éxito no se discute; peeeroo… hay que ver qué poco entusiasmo, qué poca inspiración en el concierto de ayer en Calviá. Esta presentación forma parte de su última gira internacional antes de jubilarse. Aunque no es cuestión de edad, es que nunca ha sido una gran cantante; ni de salsa ni de merengue ni de son. Las piezas lentas le van mejor, más ella me parece. Esta artista latina que el mundo anglosajón y Europa identifica con el sabor caribeño, es la cosa más descafeinada que ha dado Cuba. Ni baila, ni improvisa, ni se desmelena ni se entrega. Y otra vez peeeroo, qué números más buenos, qué arreglos, qué bailarines, qué orquestón, qué trompetista de lujo, que escenario, y luces y pantallas. GE es uno de los mejores ejemplos de cómo con poco se puede hacer mucho. Sin swing, sin sabor y a sus espaldas 30 años de éxitos, los que pudimos recordar y cantar anoche, durante un buen rato. Luego esta misma ausencia de nervio, de azucarr, nos invitó a irnos antes del final. También flojita la organización del repertorio, muchas piezas lentas juntas enfriaron un poco el ánimo; y sus intervenciones habladas igual, ni un comentario que reflejara que sabía dónde estaba. No salió del “gracias Mallorca” y tuvo que pedir traducción de absent mind y steam para poder terminar las anécdotas pues no recordaba cómo se decían en castellano… //. Presentó a su hija que tocó la guitarra eléctrica y la batería, la chica tiene la cara del padre y me parece que la pasión también. La mamá dijo algo como “ella es un poquito tímida pero nos va a mostrar parte de sus muchos talentos” o algo así, y se le salía la baba como buena mamá ante un hijo talentoso, y explicó que “yo también era tímida y me costó unos 10 añitos superarlo”… quizá es eso, que en el fondo no lo superó del todo.//. Fue un concierto entre nostálgico y light; a pesar de la orquesta.





Foto Per Endström