El primer día, ¿entran más tarde o salen más temprano?, al día siguiente, ¿el horario ya es el normal, o se normaliza dos días después cuando abren el comedor?. Una maestra te recuerda que no has dejado los impresos firmados (el de las salidas y el de que le pueden tomar fotos para uso interno del cole). Tampoco me acordé de los 65 euros de material escolar de la pequeña.//. Cuando vamos a buscarlas de su primer día de clase, Abril reclama que le faltaban 3 cuadernos; y me acuerdo que no he comprado los cuenticos de Luci y que no hay que ponerles nombre porque son para toda la clase. Pienso que debería anotarlo en la agenda junto con las demás cosas. Emili propone ir a la librería cerca del cole y salir de todo de una vez; venga, vamos a la librería. Está llenísima de mamás y papás a los que también les faltaba alguna cosa, lo dejamos para después. Llego a casa pensando que debería pegar en la nevera lo de las meriendas, un día de frutas, un día de lácteos, nada de bollería industrial, cero chocolate. Menos mal que Emili es quien prepara la merienda para el cole cada día. Abril me recuerda que necesita pantalones porque todos le quedan cortos y “ya hoy hace frío mamá”.//. Me dejé el móvil en el Corte Inglés el sábado y no encuentro el momento de irlo a buscar. Esta tarde la CUOM tiene una misa en el Arenal, ¿a qué hora les dije a los cantaires?, los teléfonos están en el móvil.//. Tendría que haber hecho la compra hoy y mirar lo de las meriendas. Me traje trabajo a casa que no pude terminar esta mañana con el horario reducido de las niñas y me doy cuenta que la versión de Finale que tengo es más reciente que la de la universidad, no puedo trabajar en la partitura porque después no se podrá abrir allá el documento.//. El primer día de vuelta al cole es horripilante. Qué estrés.
Los coros pequeños se pueden dar estos lujos…
La cantata “El Rei en Jaume I”. Una maravilla. El texto de Guillem Frontera lanza una visión desmitificadora de la conquista de Mallorca en el siglo XIII y Parera Fons la recoge y la eleva a dimensiones épicas. Escuchamos el lamento del valí Abû Yhayâ, las dudas del Rey en Jaume, la batalla, el llanto, las voces de la tierra. Una obra mayúscula donde el compositor demuestra oficio e inspiración. Me dolieron las manos de aplaudir. Y los solistas, qué lujo: Maia Planas, Mª Lluïsa Roca, José Antonio López (que gran Rey), Francisco Vas (absolutamente espectacular), Antoni Aragón (buenísimo como siempre)… todos estupendos. Bueno, el narrador no. Lo siento pero no estuvo a la altura del texto ni de la obra; una lectura desprovista de matices y de intención, y con tropezones.//. El auditorio del Teatro Principal quedó pequeño para tantas emociones y para tanto despliegue sonoro. El Coro Infantil (con niños cada vez menos niños) afinado y profesional, el coro de adultos correcto aunque desde el lugar que nos tocó en platea lo encontré débil, especialmente en las voces masculinas. Los pianistas, la percusión, los metales, grandes protagonistas de la orquesta en una partitura variada en atmósferas, estilos, con toques exóticos y donde la voz humana es la protagonista absoluta. He aquí una verdadera cantata. Que lección de composición, de organización musical con un ritmo que no decae en ningún momento. Ojalá y se repita pronto y que más gente pueda disfrutar de una obra “made in Mallorca” que se puede pasear por el mundo entero.
En la esquina entre las calles Francesc Molina y San Joaquín, está todavía aunque ya cerrado, el local del bar restaurant “El Pollo Loco”. Un lugar surrealista, antro de seguidores del Atlético de Madrid que se reunían para ver los partidos de fútbol entre gritos, sonadas de cornetas, campanas y lo que tuvieran a mano. Tenían un cartel en una cristalera que con una imagen de Jesús con la mano en el pecho rezaba “Cristo era del Atleti porque sufría”. El logo del lugar, un pollo con una camisa de fuerza. Emili fue dos veces y salió alucinado, Zoltan y Sandra una, y llegaron contando que realmente todos estaban locos y especialmente el dueño que se levantaba desde detrás de la barra golpeando una sartén para poner orden, a lo que los contertulios respondían mandándolo a callar con más gritos.//. Desaparece un lugar original, quizá se los han llevado a todos al manicomio finalmente. El Atleti pierde un santuario.

Nos fuimos a la plaza de toros de Palma con el escepticismo propio de quienes van a ver un espectáculo en cuya promoción no aparece ningún crédito, ni el nombre del director, ni de los solistas, ni de la orquesta y por supuesto menos que menos del coro. Anuncios gigantes en la calle y la prensa amenazaban desde hace más de 15 días con que el “pricio” del evento era de 55 euros y que nunca se había visto nada igual por estos lares. Cuando te toman el pelo con fuegos artificiales, antorchas, mucho traje multicolor y mucha gente saltando y haciendo el tonto, no puedes decir que no hubiera espectáculo, pero de Carmina Burana había más bien poco. El coro estaba dividido en dos grupos de 30 personas, chicos y chicas a cada lado de una alta torre donde en tres niveles giraba, subía y bajaba un grupo de figurantes. El resto de ¿actores? repetía ad infinitum los movimientos y las no-coreografías en la gigante tarima frente al coro y la torre. En cada grupo coral un par de excelentes puntales cuyas voces eran amplificadas y multiplicadas, el resto hacía bulto. La orquesta inmensa, un “vente tú” instrumental dirigido, eso sí, por una mano experta en no arriesgarse con un montaje donde el coro estaba a más de 10 metros y dividido, los solistas por allá tirados en una esquina que qué vergüenza con estos profesionales estupendos, y donde además se fraccionaba el discurso musical a cada momento para ir preparando las entradas y salidas de más y más objetos, un cañón, caballos de madera, o más y más figurantes, saltando por supuesto y haciendo tonterías sin fin. La solución del director, zorro viejo, fue llevar todo lento, desde el “oh fortuna” hasta, por supuesto, todos lo números brillantes del “in taberna”. Con todo y lo lento, hubo más de un desfase rítmico entre orquesta y coro.//. El tiempo pasaba, el culo ya te dolía (porque antes del Carmina hubo media hora larga de OBERTURAS Y COROS DE OPERA - ya me dirán qué hacía Verdi al lado de Orff - además no olvidar que estábamos en una plaza de toros) y todo era tan repetitivo y exagerado que entramos en una especie de estado catatónico. Nos fuimos sacando cuentas de lo que se habían ganado los productores de esta estafa musical, unas 2.000 personas a 55 euros por cabeza, más los puestos VIP que iban a 180.//. Debo apuntar también que todo el equipo técnico era alemán, que el programa de mano que vendían a 6 euros estaba en alemán, y que hasta los de la taquilla apenas chapurreaban dos palabras de castellano, un guía a quien preguntamos por nuestras localidades nos preguntó ¿german, english? y cuando en inglés le preguntamos dónde nos sentábamos nos indicó con el dedo.//. Aparte de estos detalles, me parece que a la gente le gustó. El primer dato fue que al comenzar la obra y cuando apagaron las luces y quedaron solamente las de los atriles de orquesta y coro… hubo un profundo OHHHHHH… (válgame Dios!).




Foto Per Endström