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De la vida y de la muerte 12 de Septiembre del 2008

Hace 30 años (o 20, o 40 según el lugar) había dos momentos en los que padres y madres no se podían escaquear de hablar de sexo con los hijos. Si eras varón, llegaba un día, más tarde o más temprano, en el que tu padre te explicaba las verdades de la vida; o te llevaba de putas directamente. Entonces alguna de estas señoras te iniciaba con el método empírico, digamos con las manos en la masa. Con el padre, esta experiencia sentaba las bases de una relación de complicidad y hombría, aunque después de aquello no se tocara nunca más el tema y te abandonaran “a tu suerte sexual”. Así me lo han contado mis amigos mayores. //. A las chicas les llegaba un día antes de la boda, o unos días, según el grado de soltura de la madre. Te llamaban para explicarte los deberes matrimoniales, más o menos lo que podías esperar y sobre todo la resignación propia de una actividad, que según si tenías suerte o no, sería más obligatoria que placentera. Esto lo he leído.//. Un día llegó la educación sexual a los colegios, o más bien alguna aproximación a educación sexual; en el mío la asignatura se llamaba “puericultura”, el programa incluía cuidado de los bebés, aparato reproductor femenino y masculino, y métodos anticonceptivos de Ogino-Knaus y de la temperatura. En el examen tenías que sacar un montón de cuentas y explicar la ovulación y alguna cosa de bebés. Aburridísimo y sobre todo desilucionante. Estaba prohibido expresamente preguntar; te lo avisaba la profesora desde el principio, así que no había esperanza de obtener información adicional. En ese tiempo éramos católicas y queríamos llegar vírgenes al matrimonio porque era el más hermoso regalo de amor que le podías dar a tu esposo. El condón no existía más que en comentarios de pasillos y según me dijo bajito una amiga hija de médico “parece que sólo lo usan las prostitutas”. //. En casa, si le preguntabas a mamá te contaba, pero si no preguntabas, ya te podías quedar ignorante para siempre; menos mal que había amigas.//. Los padres respiraron cuando se dijo que los niños y adolescentes recibirían información sexual en el colegio, y en adelante pasaron de explicar nada, a menos que los pusieras entre la espada y la pared. Recuerdo una vez que Iliana le preguntó a mi mamá cómo tenía el pito mi papá; en el tiempo que mi mamá salía de la cianosis yo salí pitando avergonzada y no me enteré de tan relevante información.//. Más allá del grado de curiosidad y los movimientos hormonales de la pre-adolescencia que llevaban a unos antes que a otros a la auto exploración del territorio, siempre ha habido cierto mercado negro de información sexual; algún amigo, una tía sinvegüenzona, la criada que se dejaba, una revista robada a un hermano. Graciela, Betsy y yo, formábamos “el trío del sexo” y éramos por orden de aparición Iguana 1, Iguana 2, e Iguana 3; nuestro logo era como el de superman pero con el triángulo al revés.  Las actividades de este club giraban en torno a la especulación fantasiosa y la contemplación de nuestra biblioteca secreta de información sexual. Esta constaba de:

un manual de métodos anticonceptivos que se había robado Graciela del despacho de su papá director de una maternidad de Caracas, un tomo de enciclopedia de Betsy donde explicaban la reproducción de los seres humanos, sin ninguna gracia por supuesto; un condón en su sobrecito que nunca abrimos (creo que nos daba como asquito) y el tesoro más preciado: un catálogo de juguetes sexuales que me había encontrado en una calle de Nueva York y había traído de regreso escondido en la maleta. Lo veíamos y lo veíamos teorizando sobre cómo se usarían aquellas cosas sin aclararnos lo más mínimo, los falos de todos colores y tamaños no necesitaban muchas explicaciones pero el resto de objetos era una incógnita… y en inglés. A falta de información fresca y viendo que nuestro nivel de inglés tampoco mejoraba, perdimos pronto el interés y el trio de las iguanas amigas se disolvió sin darnos ni cuenta. Cada una, como el resto de la humanidad, descubrió en carne propia los misterios del sexo sin más ayuda que cuatro cotilleos, tres consejos con prisas, y la ilusión de que la primera vez fuera con un príncipe azul. Lo de hacerlo antes o después del matrimonio no tenía ya la más mínima importancia, los preservativos los compraba el novio en la farmacia, y las únicas dudas que quedaban giraban en torno a si el sexo oral sería cosa de putas… una vez más. Como en tantas generaciones antes de nosotras, la información y la experiencia nos llegó poco a poco, diría que con algo de mesurado; lo que quizá significó tener tiempo para incorporarnos al recién descubierto mundo del sexo con una pizca de reflexión.//. Y llegó internet. Y siendo ya una señora divorciada con dos hijos, descubrí que podía ver de todo sin miedo y sin remordimientos, y sin medida y sin horario. Todo lo oculto o prohibido estaba allí, la rudeza, la gimnasia, los cuerpos, las miradas perdidas. Vi todo lo que pude, con variaciones, combinaciones y permutaciones. Y empecé a preguntarme si el sexo que conocía se parecía al sexo que veía en el monitor del ordenador inmenso… //. Cuatro hijos después, aquella observación me la hago con más frecuencia y me preocupa. Información sexual parece que hay por todas partes, el sexo se recomienda para la salud mental y física, sexo desde la infancia con el sano “autoejercicio de la función sexual” y sexo hasta la senectud con o sin ayuda de técnicos que echen una manita. Todo parece natural y libre; pero la información, los modelos, el repertorio sexual, los protocolos y hasta la estética sexual que están recibiendo los chicos de ahora no es de manual, ni de los padres, ni de los amigos mayores, ni del colegio, ni del cura en el confesionario recomendándote paciencia con los deberes conyugales que son base de un matrimonio estable. Llega directamente y toda de un trago, del sexo, gratuito o no, de internet. Y me preocupa que a mis hijos les parezca lo normal este sexo sin preludios ni interludios, donde todas las prácticas parecen obligatorias y tienen la misma categoría, donde no se habla en la cama y no se sinceran gustos y necesidades. Y muy especialmente donde las mujeres son, absolutamente siempre y más que nunca, un objeto sexual; sea de rodillas, en cuatro patas o contra la pared. Parece que al final terminamos siendo todas putas.//. Creo que no desaparecerá realmente el tabú del sexo hasta que no podamos hablarlo con nuestros hijos con franqueza y sin vergüenzas,  expresando nuestra opinión y nuestra experiencia. Y luego que cada uno descubra lo suyo, que esto no cambia con los siglos.



3 Comentarios en “sexo sexo sexo”

  1. cata | 12/09/2008 a las 16:49:55

    Tú no pases pena por eso, cuando llegué ese momento, yo te asaltaré con preguntas de todo tipo.

  2. Joan Vives | 13/09/2008 a las 18:13:25

    Siendo estudiante y como no fueses componente de un equipo de lo que fuera, el entrenador, suponiéndose una persona mayor y experimentada en cuestión de sexo, te infundia un espíritu de ánimo a que ganases la competición, y entonces tenias el premio de ir de putas de una manera colectiva; y así empezaba el rodaje sexual. Otra cosa era que trabajases en una Empresa, porque allí siempre habia algún “avispado” que te introdujese en el mundo del “saber”.

  3. natalia | 25/07/2010 a las 05:21:50

    la verdad es que no se por que nisiquiera lo lei

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