Matilde Meire ha dado el salto a autónoma aquí en Mallorca con su empresa de organización de eventos, experiencia tiene para lo que le pidan. Y mucha con fiestas y actividades infantiles, desde castillos inflables hasta juegos tradicionales dirigidos. Aquí unas imágenes de una de sus últimas fiestas… ah, el mail es matimeire@mmeventos.es y hay más fotos en www.mmeventos.es
Se refiere a la navegación aleatoria por la red. Supuestamente andar por allí sin buscar nada especialmente, hojeando una página aquí y otra allá. Creo que nunca navegamos realmente así, básicamente porque saltamos de enlace en enlace y esto no es aleatorio. Cuando eliges un enlace y no otro es por algo, aunque ese algo no lo tengas del todo claro. A veces es por quién tiene el enlace, te fías de la fuente o de las páginas que revisas regularmente, y vas a curiosear. Los agregadores son otra forma de uso no aleatorio de la red, te muestran los feeds de páginas que previamente has seleccionado, aunque sean 200 o más. //. Durante el mes que tuve colgada la encuesta ¿qué haces aquí?, fue interesante descubrir que la opción “llegué por error”, lo que sería un reflejo de navegación aleatoria, recibió solamente un voto. Las demás opciones eran “sigo el blog”, “curioseo” y “¡eso me pregunto!”.//. Como nos dice la ciencia con frecuencia, cada vez hay menos cosas aleatorias; otra cosa es que no sepamos explicar las causas.
No me dejes, hay que olvidar
Todo se puede olvidar lo que ya se fue
Olvidar el tiempo de los malos entendidos
Y el tiempo perdido para aclararlos.
Olvidar esas horas que mataban a veces
A golpes de porqués al corazón de la felicidad.
No me dejes, no me dejes,
no me dejes, no me dejes.
Yo te ofreceré perlas de lluvia
venidas de países donde no llueve.
Yo escarbaré la tierra hasta después de mi muerte
Para cubrir tu cuerpo de oro y de luz
Yo haré un reino donde el amor será rey
Donde el amor será ley donde tu serás reina.
No me dejes, no me dejes,
no me dejes, no me dejes
no me dejes.
Yo te inventaré palabras locas
Que tu comprenderás
Yo te hablaré de esos amantes
Que han visto por dos veces
Arder sus corazones.
Yo te contaré la historia de un rey
Que murió por no haber podido encontrarte.
No me dejes, no me dejes,
no me dejes, no me dejes
Se ha visto a menudo resurgir el fuego
Del antiguo volcán que se creía demasiado viejo.
Existen tierras quemadas que dan más trigo
que un mejor abril
Y cuando viene la noche para que un cielo arda
El rojo y el negro ¿Acaso no se unen?
No me dejes, no me dejes,
no me dejes, no me dejes
No voy a llorar no voy a hablar
Yo me ocultaré para mirarte
bailar y sonreír y escucharte
cantar y después reír
Déjame volverme la sombra de tu sombra
La sombra de tu mano la sombra de tu perro
No me dejes, no me dejes,
no me dejes, no me dejes.
Ya lo he comentado antes, el máximo esplendor masculino hoy en día no está en el futbol, ni en el tenis, ni dirigiendo orquestas ni tocando piano… está en el Ballet.//. La muerte del cisne, en coreografía del propio Yebra sobre la obra “El Cisne” de Saint-Saëns, fue impresionante. Introducción sin música, absolutamente espectacular, se te empieza a caer la mandíbula poco a poco, absoluta entrega y concentración, suavidad, precisión, belleza, y un cuerpo que Dios le dio donde no sobra un músculo ni falta un centímetro. Había bailado un par de cosas antes, un pas de deux de Giselle (un ballet histórico que cada vez es más cursi), y Sonatine con música de Ravel; pero no fue hasta El Cisne donde lo vimos resplandecer.//. Del resto del ballet, un fantástico Adagietto de Mahler, con una coregrafía maravillosa, moderna, tierna e intensa; y el final, anticlimático pero guapísimo, Purcell en plan teatro, La Pavana del Moro del coreógrafo mexicano José Limón.//. Todos eran solistas de primera y casi todos (Yebra no) parecían un poco desconcentrados, como trabajo de conjunto todo bueno pero imperfecto, o faltaba ensayo o faltaba cabeza. Bajó un pelín el nivelazo de lo que normalmente es la temporada de ballet en el Auditorium.
XIII Temporada de Ballet de Mallorca, Gala de Estrellas del Ballet de la Opera de Burdeos.



Foto Per Endström