El guitarró es como una guitarrita que se toca rasgueado. Parecido al cuatro venezolano pero más pequeño si es de Mallorca y con el mástil más largo y con menos trastes si es de Menorca. Acompaña la música tradicional de estas tierras y ojalá se conociera más y se tocará más, y no sólo en la música tradicional. El doctorado que hago gira en torno al guitarró, lo propongo como herramienta para la enseñanza de la música, como aliado del maestro en el aula. Este pequeño instrumento, con el que puedes caminar y bailar mientras lo tocas, es fácil de tocar y de afinar, y atractivo para los niños y los mayores.//. Por primera vez se ofrece en Palma un curso para aprender a construirlos, he aquí el anuncio…
Pienso como un castigo que me privasen de la compañía humana. Me gusta la gente, disfruto escuchando y compartiendo. Lo peor (o lo mejor) es que me gusta toda la gente, los pequeños y los grandes. Los muy pequeñitos menos, es verdad; pero después que caminan bien y se expresan mejor, ya me gustan hasta más o menos los 90 años. Después de esa edad no sé porque no tengo ningún amigo tan grande, pero todo se andará.//. Han comenzado los ensayos de la CUOM y los Mestres y ya siento las pilas recargadas de amor fraternal, ya cambió mi astenia de verano por el ímpetu renovado que me trasmite la gente que canta. Porque tampoco es que todo el mundo me emocione igual, aunque básicamente el sentimiento de empatía es general. Tengo mis humanos preferidos, me gusta la gente que trabaja, que se esfuerza, me gustá la gente que tiene aficiones y las cultiva con perseverancia. Y especialmente me gustan los apasionados, apasionados de su vida, de su profesión. Esta gente me emociona y me anima. Creo que los apasionados cargan de energía al resto de la humanidad. Por supuesto me refiero a los apasionados productivos, no a los Bouvard y Pecuchet que andan por ahí.//. Pienso un momento en la gente que no me gusta… los abusones de cualquier nivel, los que viven aprovechándose de las debilidades del otro. No me gustan, como a todo el mundo, los chulos, los vagos, los vividores; la gente grosera, peor el que elije la grosería a conciencia, quien pudiendo ser amable elige agredir. Sin embargo, si tengo oportunidad de conocer la historia de una persona así, casi siempre entiendo los porqués y neutralizo el malestar, y casi siempre termino con la misma conclusión; que lo que falta es más amor para sanar a los dolidos. El mal viene de algún tipo de carencia afectiva, de algún desprecio original. Pero falta caridad y buena educación, y sobra ojo por ojo.



Foto Per Endström