música antigua, antigua

Críticas, Música 17 de Agosto del 2008

Vamos a un concierto en el Castillo de Bellver; ¿de qué?, me preguntan. - De música antigua, respondo. Y mi interlocutor con carita picarona dice: - Pero todos los conciertos de música clásica son de música antigua. Me río y le doy la razón, porque de autores vivos casi nunca o nunca escuchamos nada. El repertorio sinfónico, la música de cámara y los recitales de solistas básicamente se integra con obras del XVIII y XIX, y un poco de la primera mitad del XX. Los solistas de madera, incorporan más obras de la segunda mitad del XX y los coros también. Pero siempre es un repertorio minoritario, a menos que te apuntes a los festivales de música electroacústica o los que todavía se llaman de “música contemporánea”, donde interpretan obras de autores vivos o muertos del SS. XX y XXI.//. Pero el concierto del Castillo de Bellever no era de música antigua “normal”, ni siquiera barroca, era de música antigua antigua: Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio, Llibre Vermell de Montserrat, canciones y danzas de trobadores, baja edad media a tope. Panderetitas, flauta dulce, laúd, viola de rueda (hurdy gurdy o zanfona) y una cantante. Aquella música en un castillo medieval era para mi perfecta, arquitectura y música de la misma época (décadas más décadas menos). Sencillísima en texturas y armonías, más viva en el ritmo, melodías ondulantes que recordaban a veces a gregoriano y a veces a canciones de pueblo. Todo así, como traído por el viento. Emili me decía en tono burlón “igualito a los trios de la semana pasada… Schumann y Brahms”. Se refería a las dificultades técnicas, a los años necesarios para llegar a montar e interpretar medianamente bien obras de esa categoría. Pero después de sonreirnos coincidíamos en que no era necesario comparar, porque son magias diferentes. La música tiene esta infinitud.

(Stella esplendens, XIX Ciclo de Música als Castells. 9 de agosto)



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