instrucciones para regresar de un fin de semana perfecto

Categoría: De la vida y de la muerte
17 de agosto del 2008

Lo primero es mentalizarse, “hoy se acaba y hay que regresar”; esto se repite en diferentes momentos, el desayuno, al pasar la vista por paisajes e instalaciones, y muy especialmente cuando se va haciendo la maleta, acción que debe realizarse lentamente y sin prisas, con breves pausas para tomar tragos cortos de bebida isotónica. Mientras se va terminando la labor, sintonice la antena parabólica de la tele en alguna emisora nacional, con mucha publicidad y con volumen medio (esto es importante para incorporarse poco a poco a la contaminación acústica cotidiana).

En el caso de haber viajado en coche, el viaje de regreso no debe hacerse de un tirón, hay que detenerse al menos en dos pueblecitos, un café o un refresco pueden ir bien, y mejor si se van descubriendo por allí algunos lugares de interés, esto mantiene la ilusión de una próxima escapada no muy lejana. Si vuelve en avión aproveche el tiempo de vuelo para ver fotos entrañables de su familia y su casa, mejor si son imágenes de navidad.

Al entrar a la calle o avenida de residencia realice varias respiraciones lentas y profundas. Combata pensamientos negativos sobre si los hijos que han quedado en casa habrán roto muebles, adornos, o el mando de la pantalla plana de la sala; o dejado morir de hambre y sed a los animalitos familiares. Tenga confianza y fe en la educación dada, aunque sean adolescentes; amén.

Ya en casa, recorrer los espacios predilectos es importante, pase por alto las camas sin hacer y los platos sin lavar en la cocina, especialmente cuando la bienvenida sea “¿pero no llegabais por la tarde?, queríamos arreglar un poco”.

Haga un plan inmediato, un concierto, cenar fuera o ir al cine funcionan bien, como una especie de buffer del pasado inmediato y el presente presente. La combinación de salida con cena, es ideal aunque su bolsillo lo resienta después del fin de semana espectacular; pero piense que es una inversión, lo hace como terapia de reinserción doméstica.

Finalmente y muy importante; evite con firmeza la tentación de arreglar la casa, puede desembocar en un ataque de llanto incontenible. Vaya evaluando de a poco, y generosamente, ese espacio que con cariño y esmero se ha ido configurando a lo largo del tiempo. Reafirme amorosamente la posesión de esos metros y el valor de la convivencia armoniosa…

y dé una buena mirada a internet, para seleccionar el próximo destino.

cerca del paraíso

Categoría: Mallorca
17 de agosto del 2008

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música antigua, antigua

Categoría: Críticas, Música
17 de agosto del 2008

Vamos a un concierto en el Castillo de Bellver; ¿de qué?, me preguntan. – De música antigua, respondo. Y mi interlocutor con carita picarona dice: – Pero todos los conciertos de música clásica son de música antigua. Me río y le doy la razón, porque de autores vivos casi nunca o nunca escuchamos nada. El repertorio sinfónico, la música de cámara y los recitales de solistas básicamente se integra con obras del XVIII y XIX, y un poco de la primera mitad del XX. Los solistas de madera, incorporan más obras de la segunda mitad del XX y los coros también. Pero siempre es un repertorio minoritario, a menos que te apuntes a los festivales de música electroacústica o los que todavía se llaman de “música contemporánea”, donde interpretan obras de autores vivos o muertos del SS. XX y XXI.//. Pero el concierto del Castillo de Bellever no era de música antigua “normal”, ni siquiera barroca, era de música antigua antigua: Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio, Llibre Vermell de Montserrat, canciones y danzas de trobadores, baja edad media a tope. Panderetitas, flauta dulce, laúd, viola de rueda (hurdy gurdy o zanfona) y una cantante. Aquella música en un castillo medieval era para mi perfecta, arquitectura y música de la misma época (décadas más décadas menos). Sencillísima en texturas y armonías, más viva en el ritmo, melodías ondulantes que recordaban a veces a gregoriano y a veces a canciones de pueblo. Todo así, como traído por el viento. Emili me decía en tono burlón “igualito a los trios de la semana pasada… Schumann y Brahms”. Se refería a las dificultades técnicas, a los años necesarios para llegar a montar e interpretar medianamente bien obras de esa categoría. Pero después de sonreirnos coincidíamos en que no era necesario comparar, porque son magias diferentes. La música tiene esta infinitud.

(Stella esplendens, XIX Ciclo de Música als Castells. 9 de agosto)