Rafa Nadal no es Rafa Nadal, es Rafa. Nunca me había pasado con un famoso, pero con este tenista lo siento así. Será porque con 22 años podría ser mi hijo, o por la carita. Pues ayer en el desfile olímpico, cuando le tocó a la delegación española y lo vi saltandito abrazado de los compis, me emocioné. Me acordé de sus declaraciones cuando le preguntaron cómo se sentía ante su inminente proclamación como número uno del tenis mundial, dijo algo así como “muy contento, tengo cinco años trabajando para esto”. 22 menos 5 son 17 años; desde los 17 años jugando a ritmo de profesional, hoy aquí y mañana allá, de hotel en hotel, de una rueda de prensa a otra. Ciertamente acompañado y apoyado por una familia que parece amorosa y agradable, pero no deja de ser un ritmo frenético para cualquier joven, y además, que juega un deporte solitario; no está “con el equipo” en el hotel o la concentración, o en el campo. Entonces cuando lo vi ante las cámaras saltando y riendo con los amiguetes, pensé lo bien que le vendría esta aventura olímpica, viviendo en la villa con otros deportistas de su edad.//. Casi unas vacaciones, si no como esfuerzo físico que seguro tendrá lo suyo enfrentar una vez más a Federer, si como compañerismo, habitación compartida, desayunos con risas. Tener que ir hasta la China para relajarse un poco.
INFANCIA: esa parte de la vida que crea bellos recuerdos…
Cuando era pequeña a las niñas no se nos dejaba salir mucho a la calle, o nada. Había peligros; mirones, tocadores, secuestradores, violadores. En la adolescencia el cuidado se duplicaba porque las pechos florecientes y las curvas recién estrenadas aumentaban el peligro.//. Hoy seguimos cuidando a nuestras hijas pero las cosas han cambiado; ahora también da miedo dejar salir a los niños. Un chico que va solo al servicio, digamos en un restaurant o una gran tienda por departamentos, llevará clavada en su espalda la mirada de su madre o de sus padres hasta que salga, y esto si no se han quedado fuera esperándolo. //. Antes jugar en la calle era cosa de chicos, se iban haciendo hombrecitos con la pelota, unas cuantas peleas y esto de tener luz verde para salir… la envidia de las hermanas. Pero las hermanas giraron la tortilla cientoquinientos grados. Ahora salen, juegan con las pelotas, sacan las uñas, aportan a la caja registradora familiar y se gradúan en la universidad. Los violadores, mirones y tocones siguen por allí, pero creo que están más acojonados. Ahora hay que preocuparse por los niñitos, con tanto pederasta protagonizando nuestras pesadillas. En los capítulos de las series policíacas modernas de la tv hay más casos de pederastia y pornografía infantil relacionada con varoncitos que de violaciones a niñas y mujeres.//. No sé en qué medida estas series reflejan estadísticas reales, pero ya se siente en el ambiente; los niñitos están en peligro, casi más que las niñitas. //. La otra historia es la violencia de género, protagonizada casi exclusivamente por maltratadores y asesinos de mujeres; hombres incapaces de tolerar la frustración de un “no” por respuesta, incapaces de aceptar que las mujeres no son lo que eran.//. Y entre ambas aproximaciones, incompletas y superficiales, terminamos con la conclusión de que a los hombres, o hay que protegerlos, o hay que castigarlos. Bastante complicado y triste.




Foto Per Endström