Fuimos a un concierto de piano, en un lugar espectacular, con una ambientación más espectacular aún. Hacía un calor que te mueres y la humedad se podía cortar en rebanadas; así que vamos a pensar que todo lo que escuché y comento está influenciado por el vaporón de la noche. El repertorio era casi idéntico (¿o idéntico?) al del año pasado en las mismas circunstancias. Y fue interpretado idéntico, no al del año pasado, sino en si mismo; todos los compositores parecían el mismo, todo hiperromantizado, almibarado, con un exceso de pianissimos que eran más pegostosos que la humedad ambiente. Y uno piensa ¿pero los matices, el control de dinámicas en un pianista, pueden ser un defecto? pues si, cuando su uso es excesivo, cuando todos los tangos dejan de ser baile para convertirse en música de piano bar, todo el repertorio con un indiscriminado rubato infinito y gratuito. Y el sonido del piano… parecía que tenía una manta encima, opaco casi sordo. Bueno ya está. ¿Qué salvo del concierto?… quizá algún momento de Ginastera y Mompou; la Malagueña de Lecuona seguro y el bis de Falla. El tío es profesional, me cae súper bien y por eso no pongo el nombre. El que tenga ojos que vea y el que tenga oidos que escuche. El año que viene no voy.







Foto Per Endström