No todos los chismes tienen la misma categoría. Está el chisme de peluquería, que normalmente va de famosos y que dura lo que dura el tiempo entre el corte y el secado, un poco más si te hacen la manicura; al salir de la peluquería no podrías repetir de qué hablabais ni bajo tortura.//. Depués está el chisme de conocidos, aquí entran divorcios, infidelidades, embargos, y todo tipo de traiciones o eventos inesperados. Su efecto se desvanece más lentamente y resurge cuando encuentras a otro conocido que comparte información; en este caso el chisme es capaz de mutar, engordar o adelgazar y hasta hacerse un lifting y perdurar unas semanitas en la memoria.//. Pero la categoría magna; la que se presenta muy de vez en cuando, y cuando lo hace es como un regalo del Olimpo, es la categoría de escándalo. Hay que saborear la palabra, e-s-c-á-n-d-a-l-o. Un verdadero escándalo no tiene por qué salir en los periódicos, ni siquiera ser del dominio público, pero te saca de tu casa; te catapulta al café o al bar para el encuentro de aquellos que tienen los detalles, y esos detalles se beben como el chocolate caliente, lentamente y paladeando cada sorbo.//. Un verdadero escándalo debe involucrar a alguien conocido, y el núcleo de la cuestión tiene que ser obligatoriamente ilegal o inmoral; los matices ya los pone cada uno, pero siempre, siempre, debe tener morbo, esa capacidad de despertar nuestro interés malsano. Luego debe tener un cierto grado de complicación, no puede ser algo que se analiza y se entiende a la primera, necesita un tiempo para captar detalles y motivaciones, tiempo para que el que cuenta se esplaye y se dilate; un escándalo es casi como un crimen (de hecho a veces lo es) requiere motivo, medio y oportunidad.//. Una señal infalible para reconocer un verdadero escándalo, es que cuando te lo cuentan, inevitablemente se te cae la mandíbula, y al recuperarte dices “nooo”, para mayor gloria del que cuenta. Atención, porque algunos chismes de conocidos provocan reacciones similares, pero es pura pretensión de ser más de lo que son. //. Finalmente; en este breve análisis veraniego, hay que puntualizar que un verdadero escádalo nunca muere; quizá envejece con los protagonistas, se acartona un poco, se deshidrata digamos, pero baste regar mínimamente el terreno mustio con unas gotas de interés, para ver como se yergue íntegro, reclamando nuevamente la atención del auditorio… como si hubiera sido ayer.
p.d. Realmente quería contar un par de escándalos, pero me pudo la literatura.