lucía lacarra y martin krämer
Críticas, Música 6 de Agosto del 2008
La primera famosísima, él, un artista desconocido. Al menos esto es lo que me devuelve la blogósfera cuando busco más información de ambos. Es cierto que la red no recoge todo lo que existe, pero casi. No di con una línea que hablase del barítono solista del Carmina Burana que se presentó el pasado 4 de agosto en el Auditorium de Palma. ¿De dónde salió, con quién canta, cuál es su historia?, no había programa de mano.//. A Lucía Lacarra la vimos el 2 de agosto como solista invitada del Ballet Tokio Asami Maki. La música toda de Duke Ellington, jazz durillo, de este que no es para todo el mundo, aunque la calidad de los temas seleccionados por Roland Petit, junto a la de orquesta y solistas, hacía que no perdieras un segundo de atención auditiva. Y luego el ballet, al principio no me convenció mucho, pensé que estaban como desconcentrados o que no se encontraban a gusto con aquella música, pero fueron a más y más a lo largo del espectáculo. Petit sacó provecho de las fortalezas del ballet, que por momentos era una verdadera sesión de gimnasia olímpica. Una compañía con un nivel muy alto y esto siempre sorprende cuando proviene de una cultura que llega hace poco al ballet clásico. //. Y Lucía Lacarra… perfecta. Técnicamente impoluta, pero con swing; justo lo que necesitaban las canciones de Ellington. Poesía jazzística y dancística.//. Dos días después Carmina Burana, otra vez, y las que quedan (está programada 4 veces más en Mallorca antes de fin de año). Siempre es una cita que se agradece, aunque los fallos del elenco sean los mismos de siempre y sus virtudes también. Esta vez un valor añadido, las imágenes que acompañaron toda la obra. Estupendas, bien elegidas (aunque se coló alguna cursiladita) y mejor sincronizadas, convirtieron la obra en un audiovisual que el público agradeció aplaudiendo a cada rato… Y llego al barítono. La voz no era perfecta, pero la interpretación… su Omnia sol temperat me acompaña desde el lunes, fue como si la escuchara por primera vez; cada palabra, cada frase, ¿cantaba o recitaba?, fue como el concepto de arte en estética tradicional, lo bello y bueno. Un verdadero regalo.





Foto Per Endström
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