Introducción

Manuel de Falla no podía creerse que hubieran dejado a Torrandell fuera del claustro de profesores del nuevo Conservatorio de Palma. A Antonio Torrandell, heredero de la tradición de la Schola Cantorum parisina, alumno de Charles Tournemine quien a su vez fue alumno de César Franck. Torrandell, compositor y pianista de éxito, cuya obra era editada una y otra vez en París, protagonista de conciertos y soirèes, de homenajes y reconocimientos en la Ciudad Luz. Volvió a su Mallorca natal a pedido de su padre, que solo y abatido tras la muerte de la esposa le reclamaba. “El hijo pudo más que el artista” dijo Joan Maria Thomàs.//. Torrandell volvió de lo grande a lo pequeño, de la luz a una penumbra conocida; y compuso y dio clases y casi desapercibido transitó entre sus mortales congéneres. No recibió nada en proporción a su figura y su obra; pero sí en proporción a su sencillez y su modestia casi de santo.//. A su muerte surgió la figura del hijo vengador, conocedor y amante de cada nota y cada línea, perseguidor implacable de la mezquindad que le negó al padre el lugar merecido en la conciencia pública, en los oídos de melómanos, entre una juventud que sólo reconoce Torrandell como una calle de la ciudad. Lanza en mano, comenzó la lucha, insistiendo durante décadas en la necesidad de reconocimiento y divulgación de un legado único, de un valor artístico e histórico irremplazable. Nadie quería aquella biblioteca, aquellos manuscritos de una caligrafía tan perfecta que en París se editaban sin mediar copista; o la malquerían, sin certezas ni entusiasmo; sin proyecto de futuro. Y el legado se fue de la isla; el hijo después de recibir el cortejo intenso de la gran Biblioteca Nacional de Catalunya, terminó entregando el tesoro a Madrid; donde reposan, se estudian y se difunden las obras de Don Antonio Torrandell. En Mallorca no queda un manuscrito del compositor; sí fotocopias, muchas, recién ordenadas y catalogadas con amor en la partituroteca de la Universidad. Y está parte de la sorprendente correspondencia del compositor, y la no menos sorprendente correspondencia del hijo, el Bernardo biógrafo, recopilador, vengador; que se sentará a la derecha de su padre cuando le toque acompañarlo.



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