Suena el teléfono, parece una llamada de larga distancia y tras insistir con el sempiterno “diga… diga…”, espero un poco. Nada, tranco. Vuelve a sonar, descuelgo “diga…”, “¿con quién desea hablar?”… nada; a lo lejos una voz con acento dice “¿despuesdegoogle?”… pienso que será algo del blog de Emili e intento con el “yes, yes, may I help you” (y me siento como una vendedora gringa), pero nada, cuelgo. Me empiezan los nervios… siguen llamando, 10, 12, 15 veces. LLega Emili a comer, le cuento y en eso empiezan a llamar de nuevo, recorre el mismo camino, de “digas” y “yes” y me dice que es una máquina, que debe ser uno de esos programas de remarcaje automático. A veces cambia el número y es el 954369191 u otro parecido, hasta que vuelve al número inicial. Llamamos a Telefónica y no pueden hacer nada, ni siquiera aceptan la queja; que pongamos la denuncia en la policia… me traigo el portátil a la sala y busco en goggle el prefijo, es de Sevilla; pero me animo a más y pongo el número completo… encuentro una página llamada “Número de teléfono” donde la gente se queja de llamadas de estas, o de amenazas, o escriben preguntando por números de teléfonos. Y entre las quejas encuentro…
A las 3.27 de la madrugada de ayer se repitió la historia y hoy a las 5.30 también… ¿por qué no hay una vía expedita para solucionar estos casos?.



Foto Per Endström