Desde que me conozco (qué pretenciosa, dirían en Delfos) he vivido desfasada con la música de moda (con la clásica es fácil estar al día, todos los grandes están muertos hace años… bueno, Penderecki y Veljo Tormis no). Llegué desfasada a Mecano, de Madonna y de Bruce Springsteen no puedo nombrar ni una canción (he tenido que buscar en papá google para escribir el nombre del ¿Boss?), hasta hace 2 minutos no reconocía la voz de Gianna Nannini y no sé ni tararear 3 canciones que estén de moda este verano o el invierno que acabó hace un mes (pongo 3 para aproximarme, porque puedo nombrar el “Chiquichiqui”).//. Toda esta intro es para explicar mi asombro al ver el nombre Amy Whinehouse (que no sabía si cantaba, bailaba, o tocaba tambor) en todos los periódicos, de papel y online. Le pregunté a Emili si la conocía y me dice “claro, la de Rehab“… después que logré encajarme la mandíbula, y decir ¿qué es eso?, más bien en venezolano, ¿quejéso?, vino a mi portátil buscó en youtube y me puso la canción… efectivamente, conocía la música, es una que sale en un anuncio de coches, creo. Resulta que es una cantante y compositora extraordinaria y jovencita, que se ha dado mala vida de lo lindo, que tiene un papá que da declaraciones de todo lo que le pasa, y que según Emili tiene mal pronóstico.//. De pronto es una nueva Billie Holliday, y la conoceré dentro de 20 años… y me dará mucha pena otra vez.
Me pregunto con frecuencia qué pasará dentro de veinte años en las salas de concierto y en las iglesias ¿quedará alguien de público?. No hay generaciones de relevo, ni para la música clásica ni como feligrecía en los templos, al menos en los católicos. Mientras llega ese tiempo aciago, disfrutamos de ambas experiencias; aunque de manera diferente, obvio.//. Una tradición recuperada en Mallorca en las fiestas de guardar es “L’ Oferta”, es decir la ofrenda, música y baile dentro de la iglesia en el momento del ofertorio. Aquí un recuerdo de ayer en Santa Payesa…



Foto Per Endström