3 cantaoras, 4 cantaores más Manuel (del dúo “Manuel y Lole”, muy famosos en los 70 según me explican), percusión, violín, piano. 3 pantallas gigantes (a veces con fotos, a veces con vídeos y lás más en close-up de los artistas), la del medio detrás del escenario, luces excelentes, sonido bueno. Farruquito no me convenció del todo, mucho gesto de artista chulo, mucha pose, y bailar bailar, de vez en cuando. Entraba y salía, se cambió de ropa varias veces (de rojo, de blanco, de negro…) y en el escenario quedaba eso si, tremenda compañía de flamenco. Un flamenco a veces alternativo, medio new age, así como flotante, pero bueno desde mi apreciación de lega. El violinista me gustó especialmente, discreto pero adecuado, el pianista regular (piano con flamenco no me termina de combinar). Y volvía el bailaor y se pegaba cuatro arrebatos y se iba. No encontré discurso de baile ni de gesto, quizá esto venga con el tiempo porque jovencito sí que es.//. Nadie le gritó “asesino”, ni siquiera “¿qué tal la trena cabrón?”. El público entregado, básicamente formado por gitanos; guapos y arreglaos para la ocasión, me encantó verlos; ellas con esas melenas impresionantes que ya no son siempre negras, las había rojas y rubias y muchas con mechas, todas impecables. Ellos que parecía que iban en el escenario. Mucha familia con niños, mucho sentimiento por todas partes.//. El flamenco y la cultura gitana tiene esto… nosotros, los viejos al concierto clásico y los hijos al concierto de rock; ellos todos juntos a ver a Farruquito.






Foto Per Endström