No he contado los animales que pasaron por nuestra casa familiar. Resulta que mi papá era muy animalero, pero con su trabajo por supuesto que no podía ocuparse mucho de ellos, y mi mamá, a quien en principio le gustaban los animalitos tan lindos, terminaba limpiando cacas, poniendo comida y mentando madre por lo bajín.//. Tuvimos un cunaguaro (Felis pardalis) hermosísimo, que trajimos escondido en una cesta desde Barranquilla; en el avión de vez en cuando ¿rugía? con un sonido muy ronco y empezábamos a toser para disimularlo. Se murió unos meses después, el veterinario le dijo a mi tía quien lo cuidaba mientras hacíamos uno de tantos viajes con la orquesta, que se había muerto porque el agua que le dábamos era demasiado limpia… todavía me pregunto si en realidad se murió o mi mamá hizo algún arreglo secreto con mi tía Marina para que nunca volviera Eugenia, que así se llamaba el ocelote. Entre las gracias que hacía estaba su capacidad para trepar por el pantalón hasta los hombros; la llamabas y corría hacia ti y se subía enganchando las garras en la ropa. Que no se te ocurriera llamarla sin llevar pantalones. También se subía por las cortinas y quedaba casi pegada al techo. Creo que esto tampoco le hacía mucha gracia a mi mamá.//. Un tiempo vivimos en un piso que tenía 3 baños, uno era “el baño de los patos” porque allí vivían 2 patitos (que trajo un día mi papá) y que al llegar eran amarillitos y cómicos, los ponía en la mesa durante el desayuno y tomaban café con leche de un platito y picaban el pan. Muy cuchi todo. Crecieron y crecieron y se quedaron con nuestro baño. Mi mamá limpiaba la bañera de una forma muy simple, entraba y abría la ducha y dejaba el agua corriendo mientras ella hacía otra cosa, los patos se daban un buen baño y la mierdita se iba por el desagüe. Un día por error abrió el agua caliente… el escándalo de los patos y el humo que salía debajo de la puerta fueron el empujoncito necesario para que los sacara de casa, a pesar de nuestras lágrimas.//. El resto fueron más normalitos, perros, gatos, loros, pollitos, peces, hamsters, tortuguitas… más o menos todas las historias terminaron igual, Cate diciendo “hasta aquí nos trajo el río con los animales” y fuera.//. Pero mi papá insistía, y nosostras encantadas… se construyó una jaula de canarios de unos 12 mts cuadrados, con doble puerta para que no se escaparan, con comederos colgados y casitas por todas parte. Tenía timbrados y egipcios, y sé que costaban un buen dinero, pero Renato disfrutaba entrando en su jaula, los canarios venían hacia él cual escena de Blancanieves en el bosque. Se sentaba en una silla y allí se quedaba disfrutando de sus pajaritos.//. Una ley obvia de país tropical dice que donde hay mierda de animales hay insectos al instante, y donde hay insectos, de primeras las cucarachas. Mi hermana Iona, tendría unos 12 años creo, descubrió un par en la jaula y rauda y veloz fue a buscar el Baigón… que según explicó después “sólo lo puse en las esquinitas para matar a la cucarachas”. Esto cuando sorprendidos y horrorizados descubrimos una mañana la alfombra de canarios. Pocos años después mis padres se separaron y creo que al día siguiente ya no había jaula (mentira, no tan pronto… pero casi). Las niñitas que éramos desaparecieron dando paso a jóvenes ocupadas y con novios, no había tiempo para animales; el último perro creo que fue Reina, el cocker de Iliana, o Nené un pastor alemán mío.//. Hoy la abuela Cate vive con dos nietos, un perrito ¿Shitzú? de Iona y creo que un loro; y la última vez me dijo que alimentaba a una ardilla que subía hasta su ático ubicado en un piso 12, y que se asoma por la ventana de la cocina. Pero no le gustan los animales, insiste.

cunaguaro.JPG

Esta no es Eugenia, pero era igualita.



2 Comentarios en “animaleros II o ¿en qué momento las mamás animaleras dejan de serlo?”

  1. VIKTOR SILVA | 05/11/2009 a las 16:28:10

    que lindo es ver la imagen de un grato recuerdo, Efectivamente no es Eugenia.. es Zeneice, un cunaguaro que llego por casualidad a nuestras vidas rutinarias en nuestro trabajo. su papà Oscar, pudo brindarle el cariño que tanto necesitaba, y poco a poco ella, colo en el corazon de cada uno de nosotros. Zeneice o Zenaida como la llamaba yo, es uno de los màs bellos recuerdos del Diario De Frente en Acarigua, estado Portuguesa, Venezuela.

  2. mario | 21/04/2010 a las 02:07:57

    Amigos, ando en busca de un cunaguaro que esté amansado y en los posible amaestrado, acostumbrado a interactuar con seres humanos, sobre todo, niños. Se trata de una película en la que el animal tiene tres escenas en la que se relaciona con una niña.
    ¿Es posible encontrar uno amaestrado? ¿es posible conseguir uno pequeño y amansarlo y enseñarlo? La película será filmada en Venezuela a principios de 2011.
    Cualquier información será muy agradecida.

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