cosas que no cambian
De la vida y de la muerte 18 de Julio del 2008
Si digo “Atalaya” o “Despertad” supongo que está claro de qué hablo. En plena era tecnológica, cuando nos ocupamos más del calentamiento global y los índices económicos que de una iglesia católica sumida en el descrédito y un islam que da miedo, los testigos de Jehová siguen igualitos que siempre. Sus camisitas planchadas, su pelito corto, y una testarudez que no acepta un no por respuesta cuando tocan a tu puerta.//. Recuerdo que mi madre, después de haber tenido que escuchar el apocalíptico discurso interminable más de una vez en la puerta de casa, cuando sonaba el timbre y descubría por la mirilla que eran las diferentes parejitas con sus revistas, se volteaba hacia nosotras con los ojos muy abiertos y nos hacía el gesto de silencio absoluto. Y no abría la puerta ni de milagro.//. Las generaciones se suceden y ya me tocó atenderlos dos veces en casa, y a la tercera no abrirles la puerta. Y hoy llegó Catalina, “mamá no sabes lo que me ha pasado”, y me entregó dos ejemplares, uno de Atalaya y otro de Despertad.



Foto Per Endström
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