cosas que no cambian

Categoría: De la vida y de la muerte
18 de Julio del 2008

Si digo “Atalaya” o “Despertad” supongo que está claro de qué hablo. En plena era tecnológica, cuando nos ocupamos más del calentamiento global y los índices económicos que de una iglesia católica sumida en el descrédito y un islam que da miedo, los testigos de Jehová siguen igualitos que siempre. Sus camisitas planchadas, su pelito corto, y una testarudez que no acepta un no por respuesta cuando tocan a tu puerta.//. Recuerdo que mi madre, después de haber tenido que escuchar el apocalíptico discurso interminable más de una vez en la puerta de casa, cuando sonaba el timbre y descubría por la mirilla que eran las diferentes parejitas con sus revistas, se volteaba hacia nosotras con los ojos muy abiertos y nos hacía el gesto de silencio absoluto. Y no abría la puerta ni de milagro.//. Las generaciones se suceden y ya me tocó atenderlos dos veces en casa, y a la tercera no abrirles la puerta. Y hoy llegó Catalina, “mamá no sabes lo que me ha pasado”, y me entregó dos ejemplares, uno de Atalaya y otro de Despertad.

peluquería china

Categoría: Rayos y Truenos
18 de Julio del 2008

Ya tenía pensado cortarme el pelo, ahora que busco el look natural con canas. Venía de hacer un par de recados (en Venezuela “unas diligencias”) y de pronto veo “Angel, peluquería” y debajo los ideogramas (supongo que diría lo mismo, aunque también podría haber puesto “aquí trasquilamos a los mallorquines pendejos”). No lo pensé mucho y entré. Lo primero que me llamó la atención fueron las dimensiones del local, inmenso, en una primera mirada no pude captar hasta donde llegaba; feísimo, con una sala de espera con sofás del año de la pera y tapicería de antes de eso, unos muñequetes por aquí y por allá, unos cuadritos sin pandas pero con flores, un marco con una sagrada familia que no combinaba con nada ni con nadie y por supuesto, peluqueros chinos, unos cuatro o cinco. Me recibió una chica con muy buena pronunciación en castellano y me guió a la sala de espera; allí aproveché para inspeccionar y mirar cómo lo hacían tijera y navaja en mano. Súper profesionales. Esto lo captas rápido si tienes un poco de historia “peluqueril”; yo la tengo porque me encanta el pelo, es de las pocas cosas con las que puedes inventar, jugar, arriesgarte; todo lo que te hagas es reversible y si no, esperas que crezca y punto, ¿de cuántas cosas podemos decir lo mismo?.//. Me tocó el turno unos minutos después y al acercarme a la eterna silla con espejo enfrente, me atendió el peluquero que había visto navaja en mano; pero no me habló. Habló la misma chica, ¿quiere corte?, afirmé y me interrumpió ¿lavado?, le dije que también, y no me senté esperando que me guiara por un nuevo camino hasta los lavacabezas. Pero no, el peluquero indicó la silla y me senté sorprendida y obediente. Acto seguido me colóco una toalla sobre los hombros, agarró un pote de head & shoulders, me puso en el cogote una porción, un chorrito de agua de un botellín y comenzó, él su trabajo, y yo una experiencia memorable. La técnica debe tener un nombre (en chino claro) pero la bautizaré como “uñitas”, va como raspando con las uñas de las dos manos a la vez y recorriendo toda la cabeza, reunía la espuma que se iba formando, masajeaba, volvia con las uñitas, por delante, por arriba, por los lados, y seguía y seguía; al principio supongo que estaba un poco tensa por la novedad, pero en cuanto controlé la cosa, me relajé, absolutamente. Bajé los codos de los posabrazos y me dije, este regalo del lejano oriente tienes que disfrutarlo, y así pasaron unos 8 minutos ¡8 minutos!. Yo me decía vale, una maravilla, pero en algún momento tendrá que quitarme el champú, ¿cómo lo hará?. De vez en cuando agregaba otro chorrito de agua y seguía su trabajo; hasta que dejó quieto el pelo… Leer el resto de la entrada »