lavavajillas y sorpresas
Rayos y Truenos 13 de Julio del 2008
Otra vez dañado. No hay forma de que funcione, venga llamar al técnico y esperar los tres días de rigor para que baje del Olimpo. Llega y se pone, ya conoce el camino a la cocina, casi no le guío. Le dejo sólo y le digo que estaré aquí al lado en el estudio. Al rato me llama para decirme que la garantía (otra vez) no cubre la reparación necesaria, que venga a la cocina. Y me enseña la parte de atrás del aparato… infarto. Un hamster ha mordido un cable y se ha electrocutado, aquél que se había perdido por la casa (tenía la esperanza de que se hubiera caído por alguna terraza). Está allí con el cable entre los incisivos, torcido, y negro por debajo. El hombre se niega a quitarlo (qué de lo peor), pero yo lo mismo, aunque lo intento con la escoba, no sale, creo que hay que abrirle la boca para sacar el cable, me niego. Voy a despertar a Zoltan que no entiende nada, pero insisto y viene como un zombie; cuando llegamos a la cocina el hombre lo ha sacado ya, y se ha ganado los 33.99 euros que ha cobrado por la visita.//. Hay que comprar un programador nuevo para el lavavajillas porque se fundió con el cortocircuito. 150 euros más.//. Esto fue el jueves, el viernes en la noche Emili me llama desde la cocina; acaba de ver un hamster entrar a la despensa; lo acorralo y lo cojo, se ha convertido en bicho salvaje, casi un mes por ahí, solito. Venga a la caja con su hermano. Llamo a Abril y le pregunto cómo es que hay otro hamster suelto, “es que se habían perdido dos mami”. Suspiro y digo, bueno, al menos ya han aparecido los perdidos, uno muerto y otro que acabo de agarrar. Me mira con cara rara.. qué pasa Abril… “creo que falta uno mamá”, ¿pero no eran DOS?. Emili tiene cara de poseso mientras escucha la conversación, temo por la vida de los 11 bichos que quedan.




Foto Per Endström
Totalmente de acuerdo con el que puso cara de poseso.
Fuera con esos bichos que además de comer cables, bendigo la electricidad, se jartan la comida, libros, partituras, ropa de todo tipo, lo cuento por experiencia, Iliana tenía un par y, no faltaba más, también se escapaban de la jaula, su sitio peferido, el armario, resultados, medias a medio comer, camisetas idem.
Ni pensar que iré para allá, mientras esten esos bichos, sólo de imaginarme, que los encotraré dentro de mis zapatos o muy cómodos debajo de la almohada, sustoooooooooo