cómprate un perro
De la vida y de la muerte 12 de Julio del 2008
Esta frase la usan los adolescentes cuando un compinche se pone a contarles sus penas en plan pesado. Con esta insensibilidad que para según qué cosas tienen los teenagers, le sueltan sin anestesia: “tío, cómprate un perro”, que es sinónimo de “no me cuentes tu vida y búscate un perro que te oiga, que pa’ algo es el mejor amigo del hombre”.//. A veces me apetece mandar a comprar varios perros, pero al rato me arrepiento y me siento culpable; prueba irrefutable de que no soy una adolescente. Por ejemplo cuando voy a una conferencia o una mesa redonda y llega el turno de preguntas de los asistentes. El 95% no pregunta, cuenta. “En mis 20 años de experiencia…”, “yo he observado que…”, “quisiera comentar..” y con suerte después de la auto presentación que ocupa el 80% del tiempo de palabra aparece una preguntita, así, flojita como para justificar el dulce placer de agarrar el micro.//. Si estoy en el público entorno los ojos y suspiro; pero cuando soy la que habla o integra la mesa redonda me fastidia, ¿será que no les interesa realmente lo que dije?… y después me doy cuenta que no es eso, es que las conferencias y encuentros que tratan de temas que involucran según qué colectivos (artistas y docentes, especialmente) indefectiblemente derivan en sesión catártica, en terapia de grupo sobre las miserias de la profesión. Entonces no alcanzan los perros para tanta gente.//. Pero a la vez entiendes que a) el espacio para el llanto colectivo no existe, b) no han aprendido el guión que indica que cuenta quien está arriba y el de abajo tiene que preguntar para que el otro siga contando (que es la gracia cuando te han invitado) y c) que chupacámaras y llorones hay en todas partes.




Foto Per Endström
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